Guadalupe Orona Urías

Pachuca, Hidalgo.- Tengo en mis manos una encuesta del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales (Cemees) realizada en Hidalgo en los últimos días de julio. A la pregunta: respecto al año pasado, ¿cómo cree que está el país?, la respuesta fue contundente: el 53% opina que peor, y un 25% que igual de mal; es decir, sumadas las cifras, el 78%, casi ocho de cada 10 hidalguenses, señalan que las cosas en México están muy mal. La opinión, desde mi punto de vista es más que explicable; veamos por qué:

            En primer lugar la incapacidad, irresponsabilidad y desinterés para hacer frente a la pandemia por parte del gobierno federal que encabeza López Obrador. Poco ha importado a las autoridades en general, y en particular al presidente, la enorme cantidad de contagiados (ya casi medio millón) y de muertos (más de 50 mil), y que hoy estemos colocados en el tercer lugar mundial en número de contagios, por la ineptitud de AMLO y su gabinete. Evitar tanto dolor era posible, pero López Obrador no estuvo dispuesto a gastar lo necesario en la gente para impedirlo, por ejemplo, haciendo pruebas Covid-19, proporcionando el equipo y medicamento necesario y a tiempo a los hospitales para una eficaz atención; otorgar un seguro del desempleo y, mínimamente un programa alimentario para que la población no se viera obligada a salir a la calle y correr el alto riesgo de contagio. 

            En segundo lugar, ahora, como no ocurría desde hace décadas, la pérdida de empleos ha alcanzado cifras récord (el incremento en el desempleo ya se presentaba desde antes de la pandemia y, ciertamente se ha agravado como uno de sus efectos); millones de mexicanos no tienen cómo sufragar los gastos de sus familias porque no tienen trabajo, y la secuela de efectos que ello conlleva es catastrófica, y su desenlace,  de pronóstico reservado.

            En tercer lugar, el muy mal manejo gubernamental de la economía nos tiene en una crisis que aún no toca fondo, sigue en picada y dicen los expertos que la recuperación nos llevará no menos de 10 años. El mismo subgobernador del Banco de México ha declarado que: “Las medidas adoptadas en México para hacer frente a la pandemia de Covid-19 dejarán una multitud de nuevos pobres… Calculó que este año la economía nacional resentirá una contracción del orden de 10.5 por ciento, que será la mayor en casi nueve décadas…” Asimismo, señaló que: “este año 9 millones de personas caerán en pobreza, es decir, el número de mexicanos en esa condición subirá a 70 millones; y la tasa de pobreza por ingresos –que significa que una familia no puede comprar los satisfactores básicos– será de 56 por ciento de la población total, el nivel más alto en lo que va del siglo”. Esto es lo que no ha traído la 4T.

            En cuarto lugar, la desatención a la población en prácticamente todos los terrenos, se ha agudizado, quizás exceptuando un poco a las personas de la tercera edad que han recibido su apoyo de manera regular; además de la falta de medicamentos para el tratamiento de enfermedades como cáncer, diabetes, hipertensión, etc., ahora hasta las vacunas están escasas. Tampoco hay obras en las comunidades y colonias populares: ni introducción de sistemas de agua, drenaje, electrificaciones, pavimentaciones, construcción de escuelas, ni apoyo a la vivienda, etc.

           (Fotografía ELCEO) 

            Ante esta catástrofe los mexicanos debemos descubrir a los responsables, y considero que un porcentaje importante de ciudadanos aún no los distingue con claridad, no engarza la crítica situación que estamos padeciendo con los encargados de conducir los destinos del país, quienes tienen en sus manos la obligación de mantener el derecho a la salud, de garantizar la seguridad, el crecimiento económico, generar empleos y elevar el nivel de vida de la población y, ese responsable siempre ha sido y hoy también lo es, el gobierno federal, representado por el presidente de la República, en esta administración, por Andrés Manuel López Obrador; así que él y sus funcionarios y sus gobernadores afines, y los diputados y senadores morenistas en el Congreso de la Unión son los culpables. Tenemos que aprender a ver las causas de los fenómenos, sus responsables, no solamente los efectos, no solamente la superficie de las cosas; asimismo, debemos enseñarnos a descender a lo concreto, es decir, a la síntesis de las muchas determinaciones que presenta el fenómeno. 

            En una mente lógica, crítica, acostumbrada a relacionar los hechos, no puede ocurrir la gran incoherencia de que por un lado vea que, como opina el 53% de los hidalguenses, estamos peor que hace un año y, por otro, siga considerando que AMLO puede ser un buen presidente o los integrantes de su partido Morena sigan siendo “la esperanza de México”. Debemos aceptar sin tapujos que los 30 millones de mexicanos que votaron por López Obrador y su partido Morena se equivocaron, y hoy estamos pagando con creces dicho error y, por lo tanto, lo más lógico y claro es no volver a repetir el error, enmendarlo en la medida de lo posible no votando en las próximas elecciones por los candidatos de Morena; no hay que dar más poder al partido del presidente; al contrario, debemos restárselo para hacer que haya contrapesos y no abuse de él como ha sucedido en estos casi dos años ya de gobierno, tiempo en que López Obrador ha dejado ver claramente sus ínfulas de dictador y que el pueblo le importa un ardite, a pesar de que diga lo contrario en sus discursos mareadores. Y nosotros, los golpeados por este sistema neoliberal, injusto, ahondado por el gobierno morenista, no debemos acostumbrarnos a sufrir resignadamente tal tragedia y tanto dolor; actuemos, sumémonos al gran proyecto de nación que representa el Movimiento Antorchista para transformar México y saquemos de palacio nacional, del Congreso y de las presidencias municipales a los que mintieron, engañaron y defraudaron aún con más cinismo que otros políticos o gobiernos farsantes; hagámoslo castigándolos con nuestro voto.       

                                   Pachuca, Hidalgo

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