*Pese a inconvenientes, somos más quienes valoramos lo que somos

Por Luis Repper Jaramillo

Voy a señalar tres nombres, que de suyo, no reconocerá, no imaginará quienes son, ni qué hicieron, pero tienen en común valores humanos que los distinguieron por su aportación al bien de la humanidad, sin pedir, esperar recompensa, reconocimiento, retribución material o monetaria. No. Hicieron lo que su conciencia y virtudes les dictó para ayudar y reconstruir el valor que todo hombre tiene, pero muchos, prefieren guardarlo en lo más profundo de su ser.

Me refiero a Agnes Gonxha Bojaxhiu (albanesa), Mohandas Karamechand (indio), Karol Wojtyla (polaco). Estos míticos personajes viajaron por el mundo impartiendo el bien, rescatando virtudes que permitieran resaltar nuestro comportamiento e interacción con nuestros semejantes. Valores que por desgracia la enviada, soberbia y los otros 5 pecados capitales, han destrozado en aras de riquezas vanas de poder, avaricia o desequilibrio mental que destacan en la era moderna. Urge recuperar, porque así es y porque lo necesitamos como sociedad.

Nuestros tres personajes, son mundialmente conocidos. Retomo los sobrenombres con los que hicieron el bien, sin mirar a quién.

Madre Teresa de Calcuta, Gandhi y el Papa Juan Pablo II. Su vasta historia los coloca como íconos del bien, de la inquebrantable búsqueda por rescatar los valores humanos que las egolatrías y desenfrenos de algunos minaron estas virtudes.

Pero eso fue historia. Hoy urge, por necesidad rescatar, impulsar ese valor que todos llevamos dentro, que por temor, precaución, inseguridad, indecisión no nos atrevemos a practicar. Ahí están, nunca se han ido de nosotros, sólo los tenemos guardados hasta que “alguien” nos devuelva confianza, certeza, credibilidad, fe, convicción y seguridad.

Para entender que son los valores humanos, sí, esos que están dentro de nosotros; no los materiales, pecuniarios o tangibles, sino los envueltos en moral y ética.

Platicaba recién con una estimada amiga, sólo diré el nombre de pila, no apellidos, Leticia, Lety, le decimos con afecto, sobre la pérdida de estas virtudes que todavía en la década de los 50 y 60´s, eran consustanciales a la persona, al entorno social y familiar.

Me decía Lety, que en nuestra infancia –cuando cursábamos la primaria- teníamos una materia que se llamada Civismo, era la enseñanza de hacer lo correcto, de respetar al prójimo, de decir el simple gracias, cuando alguien nos ayudaba o apoyaba. Virtud que venía en los Libros de Texto Gratuitos que distribuía la SEP, asignatura obligada en nuestro cuadro de aprendizaje.

Éste era complemento  de la educación que en casa impartían nuestros padres, los abuelos, los tíos y hasta el, o los, hermanos mayores, y todos obedecíamos por convicción y respeto. Así era.

¡Cómo recuerdo, cuando llegaban de visita a casa tíos, padrinos o personas mayores. Saludar siempre de pie, hablar de usted y ceder de inmediato el sillón o la silla al convidado. O cuando en el salón de clases entraba el maestro o el director, sin señal alguna todos nos poníamos de pie y saludábamos a coro ¡buenos días, maestro o buenos días señor director!

Eran reitero los años 50 y 60´s en que nuestros valores morales estaban a flor de piel, en la inocencia del niño, del adolescente, del joven… y así hasta la 3ª edad.

Bellos tiempos. Pero no hay mal que dure 100 años, le comentaba a Lety.

Ella es emprendedora e infatigable luchadora por rescatar los valores de las personas. En su interior destaca la visión de revivir las virtudes que siguen dentro de nosotros, pero por X o  Z se resisten a salir, quizá hasta que alguien inspire confianza, sensatez y destreza con el Don de la palabra y de sus acciones.

¿Pero qué son los valores? De manera sencilla: son las virtudes que poseemos las personas u organizaciones que determinan nuestro comportamiento e interacción con los semejantes.

Esto es importante, los valores son acciones correctas que llevan amplia dosis de moral, para regular la conducta del individuo.

Lo moral va de la mano con la ética que enaltece la conducta y el respeto a los demás.

Los valores humanos tienen como finalidad que las virtudes se destaquen en el bien general e individual.

Retomar, revivir e impulsar los valores se mueve en el contexto internacional. Cito un ejemplo. Para el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), organismo multilateral que protege a los desplazados por persecución o conflictos, promover soluciones duraderas a esa situación, implica que los dirigentes mundiales antepongan intereses morales, éticos y humanitarios, a los geopolíticos, económicos y bélicos.

Destaca la oficina de la ONU, que los valores son las acciones y pensamientos correctos que perdurarán de generación en generación.

La charla con Lety, por cierto muy interesante, me permitió destacar que conocer los valores aporta beneficios como persona en relación con los demás. Pero aún estaba inconcluso –hasta ese momento- el valor intrínseco de los valores. Conocerlos  permite valorarnos a nosotros mismos para vivir con integridad.

Ayuda en la toma de decisiones, para adecuarlas a nuestra forma de pensar. Permite saber cómo invertir mejor nuestro tiempo y priorizar lo realmente importante.

Una vez conocidos y vividos los beneficios, vayamos –le dije a Lety-  a conocer los 7 valores sustanciales del ser humano.

HONESTIDAD.- permite a la persona u organización decir siempre la verdad. Esta cualidad va acompañada de otro valor, el respeto. Ser honesto significa ser objetivo, sincero y respetuoso de los demás.

SENSIBILIDAD.- valor que nos permite ayudar, ser compasivo, empático; comprender el dolor ajeno. Una persona sensible sabe leer las miradas y gestos, más allá de las peroratas y las mentiras.

GRATITUD.- ser agradecido con lo que tenemos, hemos logrado y con quien nos ayuda o comprende. Siempre hay un motivo para decir Gracias.

HUMILDAD.- permite conocernos a nosotros mismos, aceptar que tenemos defectos y aceptarlos. Comprender que siempre se debe aprender de nuestros errores.

 

PRUDENCIA.- este valor permite saber evaluar los riesgos y controlarlos. Para toda acción con personas o circunstancias la prudencia es la mejor consejera.

RESPETO.- valor que conlleva atención o consideración hacia otra persona. Con éste fomentamos la buena convivencia. Y

RESPONSABILIDAD.- atributo que impulsa el cumplimiento  de obligaciones. Tomar una decisión en el momento preciso. Valor que poseen las personas capaces de comprometerse y actuar en forma correcta.

Estas reglas morales, coincidimos, Lety y yo, son fáciles de asimilar, madurar y aplicar, sólo basta  confiar en sí mismo para desempolvarlas porque siempre han estado ahí.

Si algo podría hacerse, por parte de las autoridades educativas del país, es retomar la asignatura que antaño nos dio sensibilidad y aprendizaje para la buena convivencia,  reactivar el Civismo, como materia obligada desde preescolar, hasta postgrado, porque es la esencia del bien vivir y de hacer lo correcto.

Por fortuna el ser humano, le decía a mi interlocutora, tiene un Don privilegiado, la palabra que lleva al convencimiento, no sin antes haber pasado por la disciplina de predicar con el ejemplo; es decir, si queremos ser escuchados para convencer, inspirar confianza y obtener credibilidad, se oferta, ofrece y compromete a no tener negro pasado, de lo contrario el mensaje se trunca en la incredulidad o engaño.

Al respecto, Leticia, muy dilecta se refirió a esto último. Lo contrario a los valores, o sea, el engaño y/o incredulidad al receptor. Señaló la existencia de los antivalores, contra los que lucha, batalla y encara para que su contraparte evite o en su caso corrija el camino.

Interesado, pregunté ¿cuáles son las contras de lo que siempre has defendido y procurado?

Son los antónimos, es decir, el mal del bien, el negro del blanco; lo inmoral de lo moral. Los antivalores que los obtusos, dictadores, corruptos, inhumanos han manejado para posesionarse de la gente, de un país, de una democracia. Te doy dos ejemplos mundiales de estas personas, dijo, Adolfo Hitler e Idi Amin Dada (Ugandés). Su pasado los condena.

Leticia, citó lo indeseable, lo contradictorio al bien que hacen los valores humanos: deshumanidad,  injustica, intransigencia, traición, egoísmo, irresponsabilidad, indiferencia, inmoralidad, intolerancia, antivalores que debemos erradicar de nuestra mente y de las acciones políticas que no conducen a nada, al encono, la desconfianza, incredulidad y temor.

Quienes practican estos pecados, insiste, son personas sin escrúpulos, frías, calculadoras, insensibles al entorno social.

Concluimos nuestro encuentro convencidos de que sí, se pueden rescatar los valores porque tenemos la capacidad de pensar, razonar, decidir y actuar motu proprio, con la certeza de que hay alguien ocupada, interesada, actuante y comprometida por apoyar ese esfuerzo que devuelva a las personas seguridad y confianza de que esas virtudes, las conocen, las tienen y están ciertos de que pronto… muy pronto retomaremos el camino de lo correcto por nuestra fe, moral, ética y capacidad de decidir.

Pronto nos reencontraremos, Lety. Con un abrazo fraterno y buenos deseos nos despedimos.

 

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