Manosos y embusteros binomio PRD Morena precursor de la Mafia del Poder de la Izquierda en CDMX

Desde que políticos de las fuerzas beligerantes emanadas de la izquierda gobiernan la gran Ciudad de México, sus acciones de gobierno jamás han sido transparentes. Le apuestan más a la particularidad de convertirse en dominantes y exponenciales mutantes, que al desarrollar naturalmente poderes y habilidades, se traslucen como mañosos y embusteros.

Es el epítome de la desproporción aplicada en la psicodelia que abarca el albedrío, el libertinaje político inflexible y estéril, encapsulando todas estas propensiones indulgentes, cobijados con el paraguas de la impunidad.

Han creado una absoluta desconfianza particularmente de todos los trabajadores que prestan sus servicios a las administraciones públicas perredistas, que lejos de solucionar la problemática laboral de cientos de empleados injustamente despedidos, viéndose en la penosa necesidad entablar demandas laborales, su problemática se agrava cuando existe un fallo a su favor; olímpicamente, el mal gobierno central, disimula rebeldía para incumplir con los laudos ejecutoriados por Tribunales en la materia.

Aunque todos esos incultos gobernantes se avientan la pelotita, unos a otros, que por cierto, el Jefe delegacional en Cuauhtémoc Ricardo Monreal, aclara que no se niega a pagar un laudo emitido en 2013, sino que Morena, pedirá a la Secretaría de Finanzas una ampliación líquida para cumplir con ese mandato judicial laboral.

La espera es larga y tediosa para quienes tienen que sufrir la arrogancia de los gobernantes que en un plan revanchista, todavía son torturados sicológicamente a la esperanza de sus liquidaciones etiquetándose como pobres empleados despedidos.

Los dimes y diretes en que se han enfrascado ambos partidos políticos, sobre todo en lo que corresponde a sus facciones legislativas dentro del Parlamento de la capital de la República, desmerecen y opacan el quehacer político y los desarrollos bicamerales por cuestiones de venganza que han impactado no solo en la tesis laboral del G-CDMX, sino en contra de la sociedad a la que mantienen secuestrada desde hace 20 años.

Es lamentable, por igual, que tanto PRD con su experiencia parlamentaria y la novatez que representa el grupo antagonista del manipulador político tabasqueño Andrés Manuel López Obrador, es decir, Morena, parecieran sufrir de interdicción.

En la praxis, de esos grupúsculos no se hace uno. Esos antagonistas sortean la atención pública con sus pleitos de vecindad, cuando el colectivo de la urbe más grande del mundo, necesita de soluciones inmediatas, y no ser un simple expectante.

La Asamblea de Donceles enfrenta un verdadero galimatías referente a las controversias que mutuamente se intercambian entre estas dos facciones, y donde se combinan las acusaciones mutuas, las acciones fatuas y el histrionismo político sin altura de miras, en lugar de ser garantes o vanguardistas de la protección civil de la capital del país, al tiempo de ser responsables y solidarios para con los trabajadores.

Al grupo del Morena se le ha observado que no respeta a nadie, tiene la misma frecuencia y la mala escuela de su líder “moral” Andrés Manuel López Obrador, quien por cierto, en su más reciente concentración, no significó nada por haber llenado los carriles centrales de Paseo de la Reforma de mucha gente, porque ese cúmulo de personas solo pertenece a un grupúsculo de seguidores del asalta caminos y roba vacas tabasqueño. Frente a 80 millones de electores, no tiene nada qué hacer.

De algún modo la sociedad lo califica como el Peje-rata, porque en su administración como Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, siempre pisoteó los derechos más elementales de los trabajadores, les pasaba la charola para cobrarles el derecho al trabajo, algo muy similar en contra de quienes pagan el “derecho de piso” para instalar el comercio ilegal en su gran escala receptora para retroalimentar el giro de la corrupción.

Ni PRD y ahora mucho menos el Morena –convertido gobierno en la delegación más importante de la capital, como es la Cuauhtémoc-, han sido emprendedores de desarrollo social, sino se han convertido en los principales promotores de la ilegalidad sin que nadie pudiera controlar o acorralar a sus delincuentes de baja estatura.

No son confiables ni uno ni el otro. Están cortados por la tijera del sastre lopezobradorismo cancerígeno, y por consiguiente, mantienen en la zozobra a millones de conciudadanos que habitan la Ciudad de México.

Sus acusaciones rayan en la insolencia y el desprestigio de la política, que de por sí, ésta ha sido invadida por agentes locuaces con reputaciones tenebrosas. El pasado de Andrés Manuel así lo manifiesta, sin entender que su ambigüedad no lo conllevará a ningún puerto útil.

Acto seguido, en su mitin del domingo 26 de junio de 2016, se aventó otra gran puntada en su desbarajustada vida –que para muchos le dieron una lectura diferente-. En su mundo irreal, le emitió un recado “respetuoso”, “oportuno” y “claro” al presidente Enrique Peña Nieto, en el sentido que está a tiempo de evitar un derrumbe precipitado, ruinoso y perjudicial para todos los mexicanos, es mejor prevenir que lamentar, como un acto de avanzada en la recepción-entrega de su gobierno. Casi le sugirió que renunciara al cargo.

En el histrionismo del tabasqueño “se aventó un ocho”; malició que el país demanda “inaugurar” una etapa nueva en el actual gobierno, con un gabinete distinto, con cambios auténticos de “actitud”, “bajo la premisa del diálogo” y la “reconciliación”, “con respeto absoluto a las garantías individuales y a los derechos sociales y ciudadanos” (¡…glup…!)

En la entrega anterior de ¡…GUERRA DE PAPEL…! se abordó el tema “mira nada más, el burro hablando de orejas”, y en esta tesitura López Obrador se ve en ese platónico espejo.

Es de analizarse que cuando fue Jefe de Gobierno, su actitud fue el de la arrogancia combinada con una implacable soberbia; jamás ha entendido de diálogos abiertos con sus antagonistas políticos, mucho menos una reconciliación con los partidos políticos; postuló actitudes muy propias del salinismo: “Ni los veo, ni los oigo y menos los escucho”.

Violentó el espíritu constitucional de atropellar las garantías individuales, así como los derechos sociales y ciudadanos. A los empresarios los persiguió y a través de su Mafia del Poder de la Izquierda, les cobraba emolumentos millonarios para dejarlos en paz.

Entonces, ¿López Obrador estará sufriendo de apnea irreversible? ¿Qué no se ha dado cuenta que México re-huye de tener más gobernantes autoritarios, cuando él es la reencarnación del hitlerismo renaciente?

Su destreza de engañabobos siempre la ha llevado con exacta puntualidad a la cumbre egocentrista, su capacidad caricaturesca para “hacerle el caldo gordo” a la Mafia del Poder tradicional que tanto ataca, enfatiza con una crueldad escondida y una poderosa animadversión trastornada con el resentimiento.

Si el país fuera gobernado por la Mafia del Poder de la Izquierda, México estaría perdido en automático; entraría a un proceso y/o espiral preocupante y riesgosa de mayor descomposición en todos los órdenes de la vida pública.

Caería en desgracia, porque en medio de la crispación, López Obrador azuzaría a la sociedad para desbordarse en la insurrección, con la firme convicción de exterminar todo lo que oliera al poder del priismo, para luego entonces, establecer una nueva revuelta que se desbordaría en otra Revolución Mexicana.

Con un México incendiado y convulsionado en manos de López Obrador, la violencia entre los mexicanos se acrecentaría; las fuerzas armadas se convertirían en auténticos criminales de lesa humanidad para sellar la mayor desgracia que le pudiera ocurrir a este saqueado país.

La reconstrucción de ese México perdido, a partir de escombros y luego de amargos sufrimientos, el país permanecería por lustros como un polvorín.

Si por un accidente democrático López Obrador fuera el próximo presidente de México, éste proseguiría su estrategia para reforzar su ambición anquilosada en la ramplonería.

Sería clasificado con todos los defectos condescendientes de un dictador; de un tirano; de un autócrata; de un déspota; de un opresor; de un absolutista; en un amo sin escrúpulos; en un patético dominador; y en un promiscuo y trivial mandón. Esa sería la antítesis del juarismo moderno.

Las turbadoras lucubraciones del tabasqueño han ido más allá de una metempsicosis fantástica y dolosamente ideológica.

Presume, a menos de tres años de las elecciones presidenciales, que su fuerza política, y él, no representarían la discordia social; “no somos un peligro para México ni para nadie”, aclama con talento de doble discurso.

El verdadero peligro para México –dice apremiante- es la corrupción y el AUTORITARISMO de los gobernantes. Nosotros queremos cambiar a México por el camino de la “concordia”, del “amor” y de la “reconciliación”. Con la no violencia, con “la razón” y el “convencimiento”.

Si bien los actores políticos mexicanos recomiendan a todos los integrantes de la Mafia del Poder de la Izquierda (PRD-Morena) a serenarse y a tranquilizarse, los pinochitos de López Obrador se multiplican como auténticos Gremlins.

Entre lo que es la honestidad y la mentira, existe un gran trayecto bioético, pero tanto en el Morena como en el PRD, existe un claroscuro concurso de campeonato para ver y distinguir quién dice más falsedades. Pinocho, entonces, quedaría peor que un bebé. Pobre narigón.

César Cravioto, coordinador del Grupo Parlamentario del MORENA en la Asamblea Legislativa, hizo un llamado “a sus hermanos de dolor”, los perredistas, “a serenarse, a tranquilizarse, a no generar descomposición política en la Ciudad de México, porque la ciudadanía reprueba esos métodos (…)”

En conferencia celebrada en la mañana del martes 28 de junio, convocada para establecer la posición de MORENA respecto de dos temas que se abordarían en la Sesión Ordinaria de la Comisión Especial Jurisdiccional, se vivieron nuevas epopeyas pinochetistas.

Uno, el análisis sobre la procedencia, o no, de fincar juicio político a Ricardo Monreal, titular de la delegación Cuauhtémoc. Y dos, la discusión (imberbe) sobre una denuncia penal interpuesta por el diputado Iván Texta Solís, del PRD, en contra de Felipe Félix de la Cruz, legislador local de MORENA.

En relación con el primer punto, Cravioto consideró sobre la absoluta improcedencia de fincarle juicio político en contra del zacatecano Ricardo Monreal Ávila. Se trata, explicó, de una demanda entablada por un trabajador de la delegación Cuauhtémoc en contra de ésta.

Las autoridades dictaron un laudo laboral mediante el cual se ordena pagarle al ex empleado la suma de 405 mil pesos. Pero resulta que el adeudo corresponde al periodo comprendido entre enero de 2006 y agosto de 2009, y en ese lapso el PRD gobernaba la delegación Cuauhtémoc. Por tanto, si se incurrió en alguna irresponsabilidad, los culpables serían los funcionarios del PRD.

Es decir, a simple luz de las circunstancias, pretende deslindarse de esa añeja problemática que fueron generando los gobiernos de la izquierda y que ahora, olímpicamente no quieren reconocer los propios errores cometidos por sus antecesores herederos.

Cravioto trata de eludir e integrarse en las acciones del delito de colusión entre funcionarios que es un quebrantamiento constitucional que se castiga con el desconocimiento a través de un juicio político de procedencia y que debe ser promovido por las instancias correspondientes.

Con todo cinismo, el también calificado “el Pinocho del Peje”, precisa que los recursos de las delegaciones provienen del Gobierno central de la Ciudad, no cuentan con un apartado para el propósito de pagos dictaminados por cumplimiento de laudos.

En pocas palabras, “pretende lavarse las manos cuando los personeros que integran la bien conceptualizada Mafia del Poder de la Izquierda, las tienen más sucias muy propias de su perfil”, fustigan trabajadores agraviados por los malos gobiernos perredistas.

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