Manuel Aparicio

Es un fuerte revés para el gobierno federal el secuestro y posterior asesinato del presbítero Gregorio López Gorostieta, pues el suceso tuvo lugar a pocos días de que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, anunciara en Iguala, el denominado “plan especial de seguridad”, con cobertura en 22 municipios de Guerrero, 2 de Michoacán, 8 del Estado de México y 4 de Morelos para hacer frente a los crímenes y delitos que lastiman a la sociedad.

Al Padre Goyo como le decían sus feligreses, le costó la vida denunciar al Cártel Guerreros Unidos, como los responsables de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Ni duda cabe que ese haya sido el móvil. No hay que olvidar que muchos sacerdotes han sido amenazados, por grupos del crimen organizado que han pretendido imponerles cuotas por vivir, y cuando hacen uso del púlpito para desaprobar lo que sucede en materia de inseguridad: secuestros, robos, asaltos, violaciones y demás, el costo es la vida, como se ha comprobado.

Es importante destacar que en un mensaje firmado por el secretario de estado del Vaticano, Pietro Parolin, enviado al obispo de Ciudad Altamirano, Maximino Martínez Miranda, el sumo pontífice, reprobó todo atentado a la vida y dignidad de las personas. Exhortó a los sacerdotes a proseguir su misión a pesar de las dificultades. En tanto que el cardenal Norberto Rivera Carrera, pidió orar por el padre secuestrado y asesinado de forma injusta y violenta. Dijo que son los gobernantes y legisladores los que tienen la responsabilidad social de fortalecer a la familia con políticas de cohesión y estabilidad. “Proceder de otra manera es provocar heridas, incluso irreparables en el tejido social y poner en riesgo el futuro de México”.

Por su parte, el sacerdote de la diócesis de Apatzingán Michoacán,  Gregorio López Jerónimo, dijo que el padre Goyo, fue capaz de alzar la voz, y manifestó su preocupación por que, en el Episcopado han sido más prudentes que valientes. Pidió no dejar impune el asesinato que se suma al de otros tres sacerdotes de la misma diócesis, a manos de delincuentes que ignoraron una carta de súplica por la liberación del sacerdote incluyendo la posibilidad de negociar alguna pretensión económica. La situación es preocupante porque en los dos últimos años se tiene registro de ocho sacerdotes asesinados, y dos continúan desaparecidos.

Al respecto, la Arquidiócesis de Acapulco, en voz del arzobispo Carlos Garfias Merlos, exigió parar la violencia en Guerrero, calificó como artero el asesinato del padre Goyo, dijo que se une a la exigencia de: ¡Basta ya¡ no queremos que estos hechos se repitan y demando que se esclarezcan este y otros más. 

Deja un comentario