Manuel Aparicio

Mantenerse enfrascados en generar múltiples versiones y un temerario reparto de culpas en torno al caso Ayotzinpa, parece un absurdo empeño por confundir y desviar la atención de la verdad sobre esos vergonzosos acontecimientos. Ahora que el padre Alejandro Solalinde, dio a conocer que un testigo presencial le confió que los 43 normalistas fueron incinerados y que los padres de estos ya están asimilando la información, todo da un vuelco radical.

Un par de días después de estos sucesos, comenté en este espacio que, por un lado, los grupos radicales, que están al asecho de cualquier oportunidad para desestabilizar al país (porque ese es su modo de subsistencia), y que ya tenían su pretexto “Ayotzinapa”. En tanto que los partidos políticos vieron la oportunidad y le apostaron al cálculo político para posicionarse de cara a las elecciones del 2015; en cuyo caso, el que mejor utilice este drama tendrá mayor oportunidad de ganar la gubernatura de Guerrero.

Por otro lado, ayer los padres de los 43 desaparecidos se reunieron con los titulares de Gobernación y de la PGR, en donde exigieron la aparición de sus hijos, con vida. Al concluir la reunión, decepcionados dijeron que no estaban satisfechos con los avances, que la información es limitada e incompleta, por eso desconfían de las instituciones. “la percepción que nos dan es que no tienen indicios”.

Fue la PGR la que anunció que el Padre Solalinde sería llamado a declarar por el caso de Ayotzinapa luego de que, el pasado fin de semana, aseguró que un testigo presencial (un policía), le habría confiado que los 43 estudiantes fueron calcinados y metidos en una fosa. Además de que cuenta con el testimonio de tres personas que no quieren declarar ante la PGR, porque temen por sus vidas. El caso es que al presentarse, en la SEIDO, no le recibieron su declaración, por escrito.

No comprendo por qué no lo atendieron y me surge la duda: ¿les preocupa que se conozca la realidad de los hechos? Porque, al parecer todo tiene que ver con intereses que involucran, a personajes de muy alto nivel político, además de cuidar el manejo de los tiempos políticos, evitando los daños colaterales. A pesar de todo, los padres de los desparecidos conservan la esperanza de que sus hijos aparezcan con vida.

 

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