Manuel Aparicio

La dramática explosión registrada cuando una pipa de gas surtía al Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa, que destruyó más del 70 por ciento de su estructura, cuyo saldo ha impresionado a todo México, debe analizarse con el mayor de los cuidados y evitar emitir acusaciones o repartir culpabilidades porque se podría cometer un acto arbitrario.

Como todos sabemos antes y después del dictámen, siempre surgen voces, que se pronuncian por el castigo ejemplar a las empresas de alto riesgo, como las gaseras, que se ven involucradas en accidentes como el señalado; se habla de multas millonarias, cárcel y, hasta de retiro de la concesión, lo que en principio sería lo correcto, si los dictámenes periciales sustentan la responsabilidad de la empresa o de sus operadores.

Tampoco se vale que el hilo ser rompa por lo más delgado. Es decir casi siempre, el culpable, en casos como el que nos ocupa, es el conductor por ser el responsable de la pipa y del equipo de operadores, y así se cumple con el compromiso de presentar “un culpable”, argumentando que se trató de un error humano.

Habría que preguntar, quién garantiza que se cumple con los protocolos de seguridad. Se supone que todas y cada una de las empresas de alto riesgo, como las gaseras, son supervisadas para que cumplan con los más exigentes estándares de seguridad, y de no ser así, hablamos de irresponsabilidad y corrupción en otros niveles.

Que afortunados! que detectaron un fuerte olor a gas, que grave que no hayan podido evitar la explosión y sus lamentables consecuencias. Me gustaría que, por esta vez, las investigaciones se realizaran con la intención de deslindar responsabidades y aplicar con todo rigor el castigo correspondientea los culpables.

El saldo: 3 personas muertas, una enfermera y dos bebés, además de 60 lesionados y la destrucción materialmente de todo el hospital, el conductor dirán seguramente que es el “cupable”, para salvar la imagen de quienes no supervisaron que se cumplieran las normas de seguridad en la empresa o en la unidad hospitalaria… Ya veremos que dicen los dictámenes, mientras tanto, ¡qué tragedia!.

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