Por: Homero Aguirre Enríquez
 
 
Nuestro país, uno de los más grandes, poblados y dotados de recursos naturales de cuantos existen en el mundo, se dirige a una crisis económica tremenda, tan grande y profunda como no se había visto en decenios, agravada por el descontrol gubernamental de la pandemia de Covid-19, que ha provocado tal cantidad de muertos que ya nuestro país ocupa el cuarto lugar mundial sin que esa trágica pesadilla parezca tener fin.
Mientras que la población de México crecerá este año en más de un millón de personas, expertos nacionales e internacionales calculan que habrá una disminución del diez por ciento en la producción nacional, lo que provocará que haya mucho menos empleo en todos los sectores productivos y de servicios; y al haber menos empleos, formales o informales, disminuirán aún más los de por sí reducidos ingresos de las familias, crecerán la pobreza, la enfermedad, el abandono escolar, las carencias de todo tipo en los barrios y pueblos y junto con ello aumentará la delincuencia en la medida que ésta se nutre de la desesperación que generan el hambre y la marginación.
Aunque a muchos mexicanos pueda resultarles inexplicable y ajeno el lenguaje técnico de los economistas y de los organismos internacionales, particularmente aquel que habla del decrecimiento del Producto Interno Bruto, escasez de inversiones, disminución del gasto público, incremento del porcentaje de desempleo y otros muchos indicadores sobre el rumbo de la economía, lo cierto es que ese tema nos afecta directamente a todos y debemos hacer un esfuerzo por comprenderlo y convencernos que manejar bien la economía es indispensable para un país y requiere un manejo profesional, con datos muy rigurosos y no con base en ocurrencias. Por analogía, aunque no seamos expertos en los indicadores técnicos que explican el vuelo de las aeronaves, sabemos lo que significa que éstas fallen o que un piloto sea inexperto al tripularlas; aunque ignoremos todos los procesos científicos detrás de la agricultura, sabemos lo que ocurre cuando no hay producción de alimentos.
 
 
El gobierno de Morena no tiene ningún plan serio para enfrentar la crítica situación económica y el presidente se limita a repetir que “vamos bien”; en junio dijo que “la economía tocó fondo y va para arriba”; pero eso no es verdad, la economía del país va en picada y abundan datos que lo demuestran. También dijo, hace meses, que la pandemia estaba por terminar… y ahora estamos entre los países con más contagios y muertes.
En las nuevas proyecciones del Fondo Monetario Internacional, hechas públicas el 24 de junio, se afirma que “México… verá a su economía contraerse en un 10.5% este año, una reducción drástica frente a la caída prevista de 3.9% en abril”. Sobre ese dato, AMLO simplemente dijo que ese pronóstico era pesimista y no lo compartía: “soy optimista a partir de datos objetivos, reales y duros”… pero nuevamente no dijo cuáles datos eran esos.
Arturo Herrera, secretario de Hacienda, tampoco tiene esos datos optimistas, más bien habla de una larga temporada de problemas: durante una reunión Virtual de Ministros de Finanzas y Gobernadores de Bancos Centrales del G20, realizada el 19 de julio, dijo que “la recuperación económica dependerá de la evolución de la enfermedad”, por lo que “no será un proceso inmediato” el retomar el crecimiento, sino que la economía del país probablemente tardará en recuperarse hasta un año y medio, plazo que a muchos les parece demasiado optimista.
No obstante que esta situación anuncia situaciones muy dramáticas para los mexicanos, pues una crisis es un retroceso brusco y grave de la economía, con cierre de fábricas y comercios donde antes trabajaban muchas personas y que acarrea carencia dramática de ingresos, hay quien aún no cree que tenga que ver con lo que le espera cotidianamente a su familia, amigos y paisanos, lo cual es aprovechado por el gobierno para eludir el problema e involucrar a la gente para distraerla en otros temas que le hagan olvidar que Morena ha incumplido casi todas las promesas de campaña que llevaron al poder a ese partido. Es como si un médico, en lugar de explicarle a un enfermo lo que padece y cómo lo va curar, se pusiera a hablar del clima, los jardines y… los aviones.
Pero basta mirar hacia cualquier lugar del país para darse cuenta de que Morena no ha hecho absolutamente nada para cambiar en serio lo mal que estaba México. Ni los alcaldes, ni los diputados, ni los gobernadores, ni el gobierno federal emanados de Morena, pueden decir que han cumplido con lo que prometieron a los mexicanos. No hay ninguna acción seria para crear fuentes de empleo o mantener las existentes, abandonaron a la gente a su suerte durante la pandemia, ahora hay menos obras públicas que nunca, no hay programas de ningún tipo para quienes necesitan mejorar sus viviendas, han desaparecido los apoyos con fertilizantes y otros insumos agropecuarios, ahora hay más asesinatos que nunca en la historia… ¿Ese fue el cambio que prometieron? ¿Dónde están, invertidos ya en obras públicas o en programas para la gente, los 500 mil millones de pesos que se ahorrarían cada año al combatir la corrupción? Todo ha sido un engaño.
Lograr salir de este bache en que ha caído México será posible si evitamos que Morena y sus aliados de ocasión sigan monopolizando el poder, empeorando las condiciones de vida de millones de personas y engañando con promesas y fuegos artificiales. Los mexicanos tenemos derecho a un país próspero, justo y en paz. En las elecciones intermedias pongamos ante los ojos de los mexicanos el desastre que han hecho los gobiernos morenistas en cada municipio, en cada distrito y en todo el país y busquemos otras opciones. Eso hablará más claro y más alto que cualquier puesta en escena montada desde el poder.

Deja un comentario