Vladimir Galeana

Sin lugar a dudas México ha entrado en una fase en la que el cinismo se ha convertido en la identidad de los poderosos. Si bien es cierto que el término “poderoso” guarda distintas connotaciones dependiendo del campo de la actividad humana, también lo es que en todos ellos existen hombres y mujeres cuyo cinismo raya en lo absurdo, pero que les ha resultado del todo bien para sus muy particulares fines. No es nueva la tónica del cinismo en los hombres y las mujeres de este país, pues quien al final consumó la independencia de la España, fue un cínico Iturbide que cambió de bando cuando entendió que la defensa de la Colonia estaba a punto de fracasar. Ni qué decir de quien se rebelara en su contra después de haber pretendido enamorar a la fea hermana del efímero Emperador, ese que después vendería cínicamente la mitad de nuestro territorio.

Después vendría una nueva camada de cínicos que se movían en las esferas del poder para hacer negocios y formar parte de esa comalada de ricos sexenales que se convirtió en leyenda, o el que lloró en tribuna y que pasó a la historia como el hombre al que le ladraban. Muchos cínicos pululan actualmente en las estructuras gubernamentales y empresariales de este país, y poco les importan los epítetos cuando de alcanzar prebendas se trata. Las riquezas acumuladas son inversamente proporcionales a esa decencia de la que hacen gala.

El caso de la empresa Oceanía destapó la corrupción en que se convirtieron los gobiernos panistas cuando tuvieron la fortuna y la capacidad de derrotar al priísmo anquilosado en el poder por más de setenta años. La corrupción de Amado Yáñez Osuna es grave y ofensiva para este pueblo lleno de hombres y mujeres empobrecidos, pero hay que decir que independientemente de su habilidad para acercarse a los hombres y mujeres del poder, aceptó convertirse en el instrumento a través del cual muchos hombres y mujeres que presuntamente servían al país, se enriquecieron de la forma más despreciable.

Dos grandes cínicos podemos identificar: Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa. El primero otorgó manos libres a los hombres y mujeres del primer círculo porque con ello pagaba la cuota a los poderosos consorcios que lo encumbraron y lo llevaron al poder. Mientras mantuvo a sus hijos adoptivos fuera de las tentaciones, permitió que los hijos de su pareja sentimental y ahora esposa, realizaran innumerables negocios que les permitieron acumular una riqueza que nunca soñaron cuando eran simples hijos de un empresario de la construcción. Al tiempo.  [email protected]

Deja un comentario