Porque odio el transporte publico en la CDMX

Antes de empezar mi tesis de porqué odio el transporte público, déjenme decirles que todo empezó con una simple percepción, pensé que eran fábulas, ahora es una realidad incontrolable.

De un momento a otro todas empezaron a hablar de los estereotipos, y de “lo difícil que es ser mujer en la ciudad de México” gracias a Andrea Noel, después de que le subieron la falda y le bajaron su ropa interior, pese a que este tema era prehistórico. De la nada se soltaron a denunciar todas, y yo también.

Y a propósito del “Hoy No Circula” mi experiencia de campo. Un parentesis, como hubiese querido estar en la huelga pacífica, que hasta pensé que era en Bélgica o en Francia, donde usan más la “burca” para cubrir sus rostros, porque a las chavas de aquí se les ocurrió una buena idea (permitame felicitarlas) : “El metro es público, mi cuerpo no”, el epicentro se dio en el medio de transporte más usado por los capitalinos, según las encuestas.

Recién llegue a la ciudad de México, hago recorrido –camión o taxi-metro-camión- destino. Es y sigue siendo incomodo, sentir las miradas y preguntarme ¿me va a asaltar?-¿Qué pasa? Ignorante del asunto no lo entendía. Cuando llegue con mi ropa tan primaveral comprada en mi natal Barranquilla en Colombia.

Odio el transporte público, porque tuve que cambiar mi personalidad mi forma de vestir, de los colores vivos, pase al negro y de las faldas a la rodilla pasar a los leggins (que nunca usé hasta ahora y no me acostumbro).Pregunte a una compañera de clases: -¿Por qué pasa esto en el metro y sobre todo con las mujeres?, me responde: -Lau por desgracia, si usas faldas o te vistes bonito te califican de….- Ya sabes, ese estereotipo del que no me avisaron.

En ciudades como Londres y Francia se puede ver a las mujeres elegantes, bien vestidas, oliendo a Channel, tacones y una buena bolsa Luis Vuiton en el metro, y pasan desapercibidas.

En la gran Ciudad de México note un gran problema, que usar el metro es sinónimo de ser pobre, naco (ca) y perdedor (ra)…no digo que lo sea. Pero es lo que hemos permitido, por no exigir un transporte digno y a la altura de una “Ciudad de Vanguardia como esta”. La ciudad de vanguardia que tanto presume Miguel Ángel Mancera y sus distinguidos colaboradores.

La verdad yo no pienso así, un metro bien cuidado, eficiente y seguro, es un transporte público de primer mundo. Yo uso el metro pese a todo. Pero también he sido víctima de “blujeaneadas”, golpes, y baboseadas. O aquella vez que tuve que salir corriendo porque un personaje, se sacaba su miembro viril … ni me quiero acordar.

No acabaría de citar las razones por las que cada quién compra el vehículo, lo que es completamente comprensible y respetable. Pero el común denominador es el mismo, odio el metro porque sudo como cerdo, es inseguro y etc…tres de cada diez así lo considera, según una encuesta de Parametría.

Pero no contaban, con la astucia de los gobiernos de turno que prefirieron llenarse los bolsillos dando contratos para hacer vías, y más vía y más vías….que se olvidaron de optimizar lo que ya se tenía. Es una miseria lo que se invierte en transporte público para lo que subió el metro de golpe. No se ven reflejados los 5 pesos que nos subieron el metro, de los 4.2 millones de pasajeros que cada día laboral transporta el STC ¿A dónde fue a dar esa lana?

Vuelvo a mi realidad, por si se preguntan, no tengo coche, le quise dar una oportunidad al taxista, al microbusero y al metro. Pero me fallaron, y a usted también, el gobierno no ha metido mano tampoco.

Un día iba para una entrevista de trabajo, ya saben, bañada, perfumada, elegante con mi mejor traje sastre, nada de las faldas por las que nos satanizan, el taxista me escaneó completa con la mirada, ¡enfermo! Quise gritar, pero tenía prisa.

En el metro, opté por llevar mis tacones en una bolsa, hacerme un chongo y echarme el labial mientras camino, el rímel en el ascensor y se acabó. O en otros casos cuando tengo una cita importante, salgo muy sudada de la caldera del metro que a propósito los ventiladores muchos no sirven…sale uno sudado y corro al Starbucks a ordenarme y acicalarme. Se identifica con este caso?.

El micro bus, lleno y la silla improvisada de cubeta boca abajo del chofer, y te dice: -siéntese damita-, al menos para no ir de chango, colgando fuera. Sin mencionar que sales oliendo a diésel.

Sólo un poco de humor, el problema con los buses y microbuses es que dan unas descargas de humo, a esos deben regularlos también. Son mafias con las que los gobiernos de turno no han decidido tocar, ¡oiga! señor Jefe de Gobierno de turno no ve que es el segundo transporte más usado por los capitalinos según las encuestas ¿Por qué no lo mejoran, le invierten, se aprovecha mejor con mejor parque vehicular, invéntese algo? Y si quiere embólsese algo…pero ¡haga algo!

Y lo peor ¡están asaltando en los camiones! Constantemente se escucha de que suben a asaltar y un día, acababan de bajarse los rateros y yo me subía. Lo note porque la gente tenía cara de espanto y preguntándole al de al lado: psss ¡ey! ¿Qué te quitaron?

Afortunadamente llegó el Uber y me salvó, pero no soy tan solvente como para darme esos lujitos, y más ahora que la tarifa dinámica se disparó por la mayor demanda y menos coches, porque a ellos también les afecto el “Hoy No circula”.

No me las doy de diva, no me creo la bella más fea, lo único que tenemos en común es que tenemos los mismos problemas de movilidad, el enigma con el que usted y yo nos enfrentamos a diario. …y así vine a dar a la segunda ciudad del mundo con el transporte público más peligroso para las mujeres, con datos publicados en el informe del Foro Económico Mundial (WEF) en conjunto con la Fundación Thomson Reuters. Estudio en el que participaron 6 mil 550 mujeres de 20 ciudades del mundo.

Si, ya se…el primer lugar lo ocupa Bogotá Colombia, este si me sorprendió y se lo voy a mostrar a mi señora mamá. Eso pasa con las ciudades mal pensadas…no me lo tomen a mal. En doble sentido porque las mujeres no podemos movernos libremente y porque no se pensó a futuro, que iba a crecer tanto. Mal pensada en su sistema de transporte, seguro, aseado, de calidad.

En Colombia hay un lío, en Bogotá, están en pañales –ni hablar- no avanzan con el metro por una pequeña diferencia entre la anterior administración y la actual, como dirían mis paisanos: ¡pendejadas! , y en el tema del UBER no han progresado.

En la CDMX, ahora todo lo quieren hacer a última hora -eso lo llevamos en nuestra sangre latina- las contingencias ambientales desnudando el nido de corrupción por todos los frentes, ¡ah! Y ni hablar del puente hasta el lunes porque les quedó grande el asunto para resolver lo de los IMECAS, y las bocanas de nata negra que nos comemos todos los días.

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