Por: Iván Lópezgallo*

 

Carl Sagan, conocido astrónomo y divulgador de la ciencia norteamericano dijo que: “En algún lugar algo increíble está esperando ser conocido” y esa es la labor de los científicos: observar, analizar, estudiar y explicarnos cómo es que se dan ciertos procesos, ya sean físicos, sociales, naturales, históricos o astronómicos, los que ustedes quieran.

Si algo ha hecho que el mundo alcance el grado de desarrollo que tiene hoy en día es precisamente la investigación, el análisis, el estudio de lo que está pasando. Así se inventó la rueda, algo sumamente básico. Así también se pudo ir al espacio y llegar a la Luna, hacer operaciones a corazón abierto y hacer operaciones por medio del rayo láser.

Recuerdo que en los años noventa mi padre tenía una catarata y para que recuperara la visión con ese ojo tuvieron que quitarle el cristalino. Así que le pidieron donadores, le hicieron estudios, lo internaron y le abrieron el ojo para extraerlo o colocarle un lente en su lugar; mientras que hoy es una cirugía ambulatoria que dura menos de una hora y no implica un gran riesgo.

¿Cómo llegamos a esto?

Gracias a la investigación, que nos hace la vida más “fácil” y en muchas ocasiones incluso nos la salva, como en el tema de la penicilina, pues hasta antes de su invención mucha gente moría alrededor del mundo por enfermedades como sífilis, bronquitis y neumonía. Desde 1928 ningún descubrimiento disminuyó tanto la tasa de mortandad como la penicilina.

La labor de los investigadores nos permite también conocer que la tierra no es el centro del universo, sino que gira alrededor del sol. Nos ayuda también a comprender que si no conocemos quienes somos difícilmente podremos entendernos y con dificultad sabremos hacia dónde queremos ir.

Podemos entonces concluir que la ciencia es muy importante en todos los aspectos de nuestras vidas y por eso me congratulo de que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, y específicamente la Secretaría de Hacienda, haya dado marcha atrás al recorte del 75% a los Centros Públicos de Investigación de nuestro país, entre quienes se encuentran el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), el Instituto Mora, el Centro de Ingeniería y Desarrollo Industrial (Cidesi), el Colegio de San Luis, el Centro de Investigación e Innovación en Tecnologías de la Información y Comunicación (INFOTEC) y el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), por mencionar a algunos.

Solamente con un sistema científico fuerte podremos alcanzar un mayor nivel de desarrollo. Así que no se trata de dividirnos entre fifís y no fifís o chairos, sino de entender que, por el bien de México, la ciencia debe ser apoyada.

Falta ahora que la Secretaría de Hacienda restituya las becas que canceló a estudiantes de licenciatura, maestría y doctorado de diversas instituciones. No me refiero a las Becas Conacyt, sino a las que daban varios Centros Públicos de Investigación para que concluyeran sus tesis y realizaran proyectos de investigación. Son fondos contemplados en el presupuesto de egresos de este año y deben ser ejercidos para no abandonar a su suerte a cientos de estudiantes que cumplieron todos los requisitos que les pidieron para obtenerla y, en muchos casos, no cuentan con otro ingreso.         (Fotografía LJA Aguascalientes)

* Iván Lópezgallo es catedrático universitario (Instituto Mora, Universidad del Valle de México y Universidad de la Comunicación), colaborador de la revista Bicentenario y autor de los libros El camino de un guerrero. Vida y legado de Isaías Dueñas (Porrúa) y 1863. Historia novelada del sitio y caída de Puebla (BUAP). Premio México de Periodismo (2010 y 2017) y Premio Nacional de Locución (2010).

 

Deja un comentario