Vladimir Galeana

Uno de los problemas más graves para cualquier persona es llegar a la vejez. Y no porque la acumulación de años provoque acumulación de males o enfermedades, aunque nunca se tiene la seguridad de que se llegará en plenitud de facultades. Para decirlo mejor, son pocas las personas que alcanzan la plenitud sin padecer los estragos de alguna enfermedad. No es un problema menor puesto que cada día el número de ancianos crece exponencialmente, y la mayor parte de ellos presenta todo tipo de padecimientos propios de la edad y de la acumulación de peso y grasa corporal. Expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México advirtieron que el país tendrá más ancianos  que jóvenes en el año 2050 debido a un descenso en el número de hijos en las familias y el incremento de la esperanza de vida.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del instituto de estadísticas del país, la población mexicana de 60 años y más alcanza cerca de los trece millones de personas. Es decir, el 10.8 por ciento de la población total.  La tendencia decreciente del número de hijos por mujer y el aumento en la esperanza de vida, ha provocado un proceso acelerado de envejecimiento poblacional. Para colmo de nuestros males futuros, hasta ahora una gran parte de este sector recibe atención de yerberos o curanderos, o definitivamente se auto medica o pide asesoría a los farmacéuticos. Para decirlo mejor, en este momento son dos millones de ancianos los que no cuentan con seguro social. A ello hay que sumar qué toda la informalidad camina en el mismo sentido, por lo que es previsible un colapso futuro en los sistemas de salud. Llegar a la vejez sin seguridad social, sin servicios médicos, sin dinero para lo mínimo, y sin el apoyo del Estado, se convertirá en un suplicio para millones de mexicanos.

Enrique Peña Nieto decidió darle un vuelco a la estrategia asistencialista implementada por la Secretaria de Desarrollo Social y sustituyo el programa de “oportunidades” por el de “Prospera”. Así lo anuncio durante el desarrollo del evento en Palacio Nacional relativo al segundo informe de gobierno. No se trata de cambiar por cambiar, sino de complementar para hacer más eficiente el combate a la pobreza. Tenemos a la mitad de la población en esa circunstancia, y a cerca de veinte millones en pobreza alimentaria. Eso quiere decir que veinte millones de mexicanos solamente comen una o dos veces al día, y esa también es una forma de discriminación.

No se puede salir de la pobreza mitigándola solamente, tiene que haber otros condicionantes que ayuden a esas personas a incrementar sus ingresos para alcanzar una forma digna de vivir. Eso es lo que visualiza el Presidente Peña a Nieto y me parece que es el camino. Becas para estudios técnicos o universitarios, acceso a la educación financiera, al ahorro, seguros y al crédito. De lo que se trata es de generarles mayores oportunidades no tan sólo para sobrevivir, sino para que alcancen niveles de vida dignos porque ese es el principal derecho a que tienen derecho los mexicanos todos. Al tiempo. [email protected]

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