Esténtor Político… El modelo educativo de la 4T no es lo que México necesita

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Miguel Ángel Casique Olivos

La maestra Delfina Gómez Álvarez ya está lista para participar en la campaña electoral de 2023, de cara a la gubernatura del Estado de México (Edomex), entidad considerada el laboratorio político y la antesala de la elección federal para la Presidencia de la República. Pero la titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), la institución encargada de educar a la niñez y la juventud mexicanas, está dejando malas cuentas, y poniendo en mal a su mentor político, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), pues su desempeño ha quedado muy lejos del objetivo de reorientar el rumbo de la educación nacional durante la pandemia y la crisis social, política y económica que vive el país. Por ello, desde ahora se le considera una de las peores titulares que ha tenido la SEP.

El 28 de abril, la funcionaria se reunió con los integrantes de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados para “explicar” la desaparición del Programa de Escuelas de Tiempo Completo (PETC), que beneficiaba a 3.7 millones de alumnos. Los legisladores concluyeron que sus argumentos para justificar tal decisión no convencieron a nadie; que su desconocimiento de los temas educativos es casi total –incluidos el programa La Escuela es Nuestra (LEN) y el PETC– y que su comparecencia en San Lázaro fue “un fracaso”. Eso sí: la profesora Delfina Gómez solicitó a los diputados una ampliación presupuestal de 32 mil millones de pesos (mdp) para la SEP en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) de 2023.

Asimismo, anunció cambios en el modelo curricular de la SEP, que tienen como objetivo esencial sustituir los grados escolares (ya muy conocidos) en los niveles de preescolar, primaria y secundaria por “fases de aprendizaje”. En el documento Marco Curricular y Plan de Estudios 2022 de la Educación Básica Mexicana, se afirma que “En el devenir de transformaciones que se están realizando en la vida pública de México, la educación representa la condición y posibilidad para la mejora, emancipación y felicidad de las niñas, niños y adolescentes… Esto requiere que el Estado garantice las mejores condiciones para que las y los estudiantes aprendan conocimientos y saberes significativos para todos los ámbitos de su vida…”.

Sin embargo, el documento no expone, pero los mexicanos sí lo tenemos muy presente, que las “transformaciones” actuales son las peores en muchas décadas, porque están empobreciendo más la vida de millones de mexicanos; esas “transformaciones” están afectando en primer lugar a la educación, porque no garantizan infraestructura escolar, han eliminado el PETC y su pretensión de “innovar” la educación básica con la habilitación de la “fases de aprendizaje” es solo una forma muy superficial; y que tiene más contras que pros que los grados escolares.

El texto de la SEP advierte también que, con el nuevo modelo, se expresará “la comunidad en su sentido más amplio la que se constituya en el espacio que articule los procesos educativos para que los niños y adolescentes tengan la posibilidad de manera efectiva en un marco de interacción entre la escuela y la comunidad… y se reconoce la autonomía curricular de los maestros para decidir sobre su ejercicio didáctico, los programas de estudio”. También se proyecta un esquema para desarrollar la “autonomía y pensamiento crítico”, porque el modelo se centra en cuatro campos formativos: “Lenguajes; Saberes y Pensamiento Científico; Ética, Naturaleza y Sociedad y De lo Humano y lo Comunitario”.

Más allá del cambio formal y de los vacíos informativos sobre cómo operarían esas fases, Delfina Gómez y la SEP no hacen un balance de la situación actual de la educación y lo que realmente necesita México. Nada plantea, por ejemplo, cómo se evitaría la deserción escolar de más de 600 mil estudiantes; cuánto se invertirá en la infraestructura educativa para modernizar los planes educativos y garantizar que los maestros estén bien preparados para educar a la niñez y juventud. La propuesta, entonces, solo es un cambio de forma y no va a los problemas de raíz. El resultado es que la educación seguirá igual y, lo que es peor, que disminuya la calidad de la enseñanza en perjuicio de los niños y los jóvenes de México. Por el momento, querido lector, es todo.

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