110 años de hazañas futbolísticas en Coapa

De ZURDA

110 años de hazañas futbolísticas en Coapa

Por Alberto Espinosa

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Hola amigos lectores, un gusto volverlos a saludar.

Gracias a ustedes, De Zurda ha tenido mucho éxito, tan es así que continuamos en conjunto con Radio Expresión México. Quiero aprovechar para extender un saludo a Manuel Aparicio, quien confió en mí para esta columna deportiva; y por qué no, también en En Corto y al Hueco Radio, NFL Sin Casco, se han integrado al gusto de la gente. El primero es un espacio dentro del noticiero de Radio Expresión México, en punto de las cuatro de la tarde. Mientras que el segundo, tiene una retransmisión los días jueves por la misma plataforma.

Esta semana la noticia

Esta semana la noticia tiene plumas, tiene historia y tiene velas en el pastel: el Club América cumplió 110 años de vida. Fue el lunes 12 de octubre cuando las Águilas soplaron oficialmente sus velitas, aunque la fiesta grande se adelantó al sábado 10 en el Estadio Banorte, frente a su gente. Fundado el 12 de octubre de 1916, el club más ganador del futbol mexicano llega a esta cifra redonda con 47 títulos oficiales: 36 campeonatos nacionales y 11 internacionales, según el recuento que publicó Récord con motivo del aniversario.

Dentro de esa cifra hay otras dos que sostienen cualquier discusión de cantina: 17 campeonatos de Liga MX, más que nadie, y siete títulos de Concacaf, también más que nadie. Se les puede amar o se les puede odiar, pero a las Águilas no se les puede ignorar. Y esa, queridos lectores, es quizá la mejor definición de lo que significa ser americanista: vivir en un club que jamás pasa desapercibido.

La noche del aniversario, sin embargo, no salió redonda. América y Rayados de Monterrey empataron 1-1 en la Jornada 11 del Apertura 2026. Diego Rossi adelantó a los regiomontanos al minuto 18 con una volea de antología desde la orilla del área, y ya en el 45+3 el zaguero Santiago Bueno, en su debut con la camiseta azulcrema, igualó el marcador en el área chica y se estrenó como goleador justo en la noche del cumpleaños. El empate dejó al América como líder solitario con 21 puntos y un partido pendiente, pero también dejó silbatinas en las gradas. El técnico Guillermo Almada lo resumió con una frase que vale oro: “Nos faltó ganar para hacer la fiesta completa”.

Una fiesta de leyendas, con sabor a empate

Más allá del resultado, el Banorte vivió una noche que los viejos americanistas guardarán en la memoria. Hubo fuegos artificiales, sonó “Mi mayor anhelo”, ese himno popular que ya es patrimonio sentimental del americanismo, y el equipo estrenó un uniforme conmemorativo de estilo retro, con un tono crema que rinde homenaje a las primeras épocas del club y con el escudo histórico en el pecho.

En el medio tiempo, el sonido local fue nombrando uno por uno a los invitados de lujo, que salieron a la cancha con su playera personalizada: Arnildo dos Santos, Miguel Zelada, Adrián Chávez, Eduardo Bacas, Guillermo Huerta, Juan Hernández, Raúl “Potro” Gutiérrez, Hugo Kiese, Ángel Reyna, Aquivaldo Mosquera, Reinaldo Navia y Gonzalo Farfán. Cada nombre es un recuerdo: un gol, un título, una final, una madrugada de festejo. Y la anécdota simpática de la noche la puso el Potro Gutiérrez, hoy director técnico de Cruz Azul Femenil, quien aceptó la invitación y se puso la playera del América para el homenaje. Cosas de la vida: hasta los rivales históricos se rinden ante los 110 años.

Hubo además otro dato curioso: Rayados llegaba con seis años sin ganar en casa de las Águilas, pues su último triunfo como visitante había sido el 22 de agosto de 2020, un 3-1 cuando el estadio todavía se llamaba solo Azteca para todos los mortales. Esa racha se mantuvo, aunque a medias, porque el punto sirvió de consuelo, pero no de gloria. Los festejos continuarán el 18 de octubre, cuando el América Femenil reciba a Pachuca en el mismo escenario.

Los números que no admiten debate

Permítanme ponerlo en perspectiva, porque a veces los aficionados, con el calor de los partidos, perdemos de vista la dimensión de lo que significa cumplir 110 años. En ese tiempo, el América ha acumulado 36 campeonatos nacionales, entre ligas, copas, Campeones de Campeones y Supercopa, y 11 títulos internacionales. Nada mal para un equipo que nació en el patio de un colegio.

En el terreno internacional, las Águilas son las máximas ganadoras de Concacaf, con siete coronas, y tienen en sus vitrinas dos Copas Interamericanas: la de 1978, frente a Boca Juniors, y la de 1991, ante Olimpia de Paraguay. En lo doméstico, su colección de Copa MX y Campeón de Campeones también es referencia obligada. Y desde que el calendario se partió en torneos cortos, nadie había logrado lo que consiguió el equipo de André Jardine: un tricampeonato, con los títulos del Apertura 2023, el Clausura 2024 y el Apertura 2024. Una hazaña inédita: fue el primer tricampeonato de torneos cortos en la historia de la Liga MX.

Una precisión para los puristas, que nunca faltan: el recuento exacto de títulos internacionales cambia un poco según quién cuente y qué torneos considere. La nota de Récord habla de 11 trofeos internacionales; otra publicación del mismo medio, esta semana, destaca 10 títulos internacionales que el América presume. Como periodista, prefiero que se sepa. Lo que nadie discute es el liderazgo del club en el palmarés nacional y en Concacaf.

Pero hay algo que ninguna estadística alcanza a medir, y es lo que el América provoca. Se le ama o se le odia, y precisamente por eso nadie le es indiferente. Sus triunfos se celebran como propios en millones de hogares, y sus derrotas se disfrutan, hay que decirlo con honestidad, como pocas en el resto del país. Esa pasión, ese rechazo y ese cariño forman parte de la grandeza de un club que lleva más de un siglo viviendo bajo los reflectores, obligado a ganar siempre y sin derecho a un mal día. Esa presión, creo yo, es el impuesto que se paga por ser el más grande.

Cuando el club era cosa de estudiantes

Hay que remontarse a 1916 para entender de dónde viene todo. México vivía en plena Revolución, el futbol era un pasatiempo de jóvenes de colegio, y en la Ciudad de México dos grupos de estudiantes jugaban por su cuenta. Uno era el Récord, un equipo formado en enero de ese año en el Colegio Mascarones por iniciativa de un adolescente de 13 años, Rafael Garza Gutiérrez, junto con su primo Germán Núñez Cortina. El otro era el Colón, de la escuela Marista de La Perpetua.

El 12 de octubre de 1916, los dos equipos se pusieron de acuerdo para fusionarse y formar un cuadro más competitivo. Cuando llegó el momento de bautizarlo, Pedro “Cheto” Quintanilla propuso el nombre de América, porque ese día se conmemoraba el descubrimiento del continente. Así de sencillo, y así de poético, nació uno de los nombres más reconocibles del futbol latinoamericano. Un dato que a muchos sorprende: en aquellos tiempos, el América presumía de ser el único club capitalino con jugadores exclusivamente mexicanos.

En 1917 el club pidió su ingreso a la Primera Fuerza, y según los registros históricos del propio club, su primer partido oficial terminó en derrota 0-1 ante el Júnior, el 31 de octubre de ese año. Es decir, el más grande de México comenzó perdiendo. En 1922 viajó a Guatemala invitado por el embajador mexicano, y se convirtió en uno de los primeros equipos del país en jugar fuera de sus fronteras. De hecho, cinco jugadores del América formaron parte de la Selección Mexicana en el primer Mundial, el de Uruguay 1930.

Vinieron años de altibajos. La Copa México de 1954 le dio al club su primer título importante, tras vencer a Chivas en penales después de un 0-0, y poco después llegó su primer Campeón de Campeones. Pero las arcas se vaciaban, y llegó a tal grado la crisis económica que, según se cuenta, el inolvidable Mario Moreno “Cantinflas” fue nombrado presidente honorario con la esperanza de que su popularidad ayudara a las finanzas. Si eso no es una anécdota de película, que alguien me diga qué lo es.

Don Emilio y el renacimiento

El verdadero punto de quiebre llegó el 22 de julio de 1959. Ese día Emilio Azcárraga Milmo, dueño de Telesistema Mexicano, hoy Televisa, compró el club al empresario refresquero Isaac Bessudo, por 425 mil pesos. Cuando se presentó ante los jugadores, dejó una frase que se volvió leyenda: “Yo no sé nada de futbol, pero sí sé de negocios, y voy a convertir al América en un negocio bien administrado y redituable”.

Con ese espíritu empresarial nació el América moderno. En 1961 contrató a Guillermo Cañedo de la Bárcena, considerado el mejor directivo de la época, con una encomienda clarísima: hacer del América un equipo ganador y el más importante de México. Azcárraga quería además un rival a su medida, y ese fue Guadalajara; el narrador Fernando Marcos se encargó de aderezar la rivalidad, y de ahí nació el Clásico Nacional tal como lo conocemos.

En 1966 se inauguró el Estadio Azteca, el sueño que Emilio Azcárraga Vidaurreta había soñado desde 1943, cuando presentó a los directivos de la liga un proyecto para un estadio de 70 mil aficionados y le dijeron que no. Veintitrés años después, lo que parecía una locura se convirtió en casa del América, escenario de dos finales de Copa del Mundo y templo del futbol mexicano. Con televisión, con estadio y con una visión de negocio, el club dejó de ser un equipo más para convertirse en una marca nacional.

Las noches que no se olvidan

Si algo distingue a los grandes equipos es que su historia se cuenta a través de noches, no de números. Y el América tiene varias. Les comparto las que, a mi juicio, forman parte del álbum sentimental de cualquier aficionado.

La Final del Siglo, 1983-84. América y Chivas se enfrentaron en la única final de liga entre ambos clubes hasta nuestros días. Tras un empate 2-2 en la ida, las Águilas ganaron 3-1 en el Estadio Azteca y se coronaron con un global de 5-3. Lo hicieron pese a la expulsión de Armando Manzo, con un penalti detenido por el portero Héctor Miguel Zelada, y con goles de Eduardo Bacas, Alfredo Tena y Javier Aguirre en la vuelta. Si me preguntan cuál es el título más dulce, mi corazón de zurdo se inclina por este.

El Maracanazo de 2008. En la Copa Libertadores, el América llegó a Brasil tras perder 4-2 en casa ante Flamengo y necesitaba ganar por tres goles de diferencia. Salvador Cabañas abrió el marcador al minuto 21, Enrique Esqueda empató el global antes del descanso, y al 78 el paraguayo marcó de tiro libre el 3-0 definitivo. Una gesta que parecía imposible, y que dejó al club en cuartos de final antes de caer, en semifinales, ante Liga de Quito.

La remontada ante Cruz Azul, Clausura 2013. Perdía 2-0 en el global, jugaba con diez hombres y estaba a segundos de perder la final. Entonces apareció Aquivaldo Mosquera, que descontó al 88, y el portero Moisés Muñoz, quien igualó la serie con un cabezazo en tiempo agregado. Ya en penales, las Águilas levantaron el trofeo. Esa final nos dejó, además, la famosa frase “Todo es culpa de Layún”, que desde entonces se volvió broma eterna en las charlas de café.

Las dos Copas Interamericanas. 1978 ante Boca Juniors y 1991 ante Olimpia. Dos recordatorios de que, cuando el continente se cruzaba en su camino, el águila sabía volar alto.

Mi quinteto histórico: los cinco mejores

Armar un cinco ideal de jugadores del América es una invitación a la polémica, y yo, como columnista de zurda, nunca le saco la vuelta a una buena discusión. Aclaro que esta lista es opinión, y que los números y el palmarés ayudan, pero no resuelven todo. Aquí va mi quinteto, sin orden de importancia absoluta, porque todos merecen estar.

Cuauhtémoc Blanco. El “Divo de Tepito” es, probablemente, el mayor ídolo en la historia del club. Canterano, bohemio y genial, anotó 153 goles con la camiseta azulcrema, lo que lo coloca como el segundo máximo anotador histórico, y lo hizo sin ser un delantero centro de oficio. Fue campeón de Liga en el Clausura 2005, campeón de Concacaf en 1992 y 2006, y fue parte del equipo que llegó a semifinales de la Libertadores en 2000. Ganó menos de lo que su talento merecía, pero nadie representó mejor el desparpajo americanista.

Luis Roberto Alves “Zague”. Hijo de José Alves, otra leyenda azulcrema, es el máximo goleador de la historia del club. Según el recuento que se consulte, sus cifras van de 188 a 192 goles, y en cualquier caso la distancia con el resto de la lista es enorme. Zague es sinónimo de gol, y esa marca difícilmente caerá en nuestra generación.

Carlos Reinoso. “El Maestro” fue el cerebro del América de los años 70. En nueve temporadas jugó 364 partidos y anotó entre 95 y 99 goles, una cifra enorme para un mediocampista. Como dijo el entrenador José Antonio Roca, “las pelotas siempre deben pasar por Reinoso”. Y como si fuera poco, años después regresó como técnico y fue campeón.

Alfredo Tena. Un capitán de los de antes. Pasó casi dos décadas en el club, de 1973 a 1991, fue capitán durante gran parte de su carrera y marcó en la Final del Siglo ante Chivas. Fue parte esencial de aquel América “campeonísimo” de los 80, y es de los jugadores más condecorados que ha tenido la institución.

Salvador Cabañas. El paraguayo llegó para convertirse en ídolo inmediato. Marcó 98 goles con la camiseta azulcrema, fue dos veces máximo anotador de la Copa Libertadores, en 2007 y 2008, y dejó para el recuerdo aquel golazo de tiro libre en el Maracaná. Un desenlace dramático le truncó la carrera, pero la afición lo sigue recordando con cariño.

Y como siempre pasa con estas listas, se quedan fuera nombres que cualquier aficionado reclamaría: Enrique Borja, con 104 goles y estandarte de los años 70; el portero Héctor Zelada, campeón del mundo con Argentina en 1986, a quien muchos consideran el mejor arquero de la historia azulcrema; Octavio Vial, con 148 a 152 goles según la fuente; Cristóbal Ortega, el hombre de los 18 años de lealtad; y desde luego Henry Martín, quien ya ronda los 110 goles y escala posiciones. Como curiosidad, el propio Carlos Reinoso hizo su top 5 y dejó fuera a Cuauhtémoc Blanco, y se armó la polémica. Así de caliente es esto.

Los hombres del banquillo: los entrenadores más exitosos

Detrás de cada generación dorada hubo un estratega. Y en 110 años, el club ha tenido de todo: mexicanos, extranjeros, leyendas que se convirtieron en técnicos, y desconocidos que terminaron escribiendo su nombre en letras de oro. Estos son, a mi juicio, los más exitosos.

André Jardine. Llegó en 2023 como “opción C”, como dice Récord, y terminó convirtiéndose en el entrenador más ganador en la historia del club. Conquistó seis títulos en tres años: Apertura 2023, Clausura 2024, Campeón de Campeones 2024, Supercopa de la Liga MX 2024, Apertura 2024 y Campeones Cup 2024. Armó el primer tricampeonato de torneos cortos y se fue en 2026 como una verdadera leyenda.

Jorge Vieira. El brasileño llegó para la temporada 1987-88 y convirtió al equipo en una máquina de ganar. Fue campeón en 1987-88 y en 1988-89, con sus dos Campeones de Campeones correspondientes, y es el único técnico del club que ha ganado dos torneos largos de Liga de manera consecutiva.

Raúl Cárdenas. El “Güero” llegó después de construir una época dorada con Cruz Azul, algo que no era la mejor tarjeta de presentación ante la afición, pero lo hizo con títulos. Fue campeón en 1975-76, ganó el Campeón de Campeones ese mismo año, y en 1978 conquistó la Copa de Campeones de Concacaf y la Copa Interamericana.

Miguel Herrera. El “Piojo” tuvo dos etapas y en ambas dejó huella. Fue campeón del Clausura

2013, con la remontada ante Cruz Azul, y regresó para ganar el Apertura 2018, además de la Copa MX y el Campeón de Campeones de 2019. Con cuatro títulos, está junto a Cárdenas y Vieira entre los más laureados, y es el técnico con más victorias oficiales en la historia del club.

Carlos Reinoso. Capaz de ser campeón dentro y fuera de la cancha. Tomó al equipo como técnico en 1981 y lo llevó al título de 1983-84, justo en la Final del Siglo. Muy pocos pueden presumir haber levantado el trofeo como jugador y como entrenador de las Águilas.

Hoy el timón lo lleva el uruguayo Guillermo Almada, quien tiene la difícil encomienda de suceder a Jardine. Su equipo lidera el Apertura 2026, aunque la afición, exigente como siempre, ya pide más futbol. Y es que en Coapa se vive así: con el éxito de ayer no alcanza para comer hoy.

Los grandes fracasos americanistas

Un periodista de verdad no se queda solo con la parte bonita. Si queremos honrar los 110 años de las Águilas, hay que mirar también a los fracasos, esos golpes que dolieron en el alma del americanismo y que, para sus rivales, son material de burla eterna. Les presento los que considero más memorables.

La final 1971-72 ante Cruz Azul. La Máquina se impuso con una goleada de 4-1 en el Azteca, con tantos de Héctor Pulido, Cesáreo Victorino y dos de Octavio “Centavo” Muciño. El gol del América fue de Enrique Borja. Una herida que tardó años en cerrar.

La semifinal 1982-83 ante Chivas. El América era amplio favorito, pero el Rebaño le dio la vuelta a la eliminatoria y se quedó con el pase a la final. Fue una serie marcada por la bronca más recordada en un Clásico Nacional. Incluso Carlos Reinoso, el técnico de entonces, ha dicho que con VAR las cosas habrían sido diferentes.

La final perdida ante Pumas en 1990-91. Si hay una final que los americanistas recuerdan con dolor, es la que perdieron ante los universitarios en un Estadio de CU abarrotado.

El 5-0 de Chivas en el Invierno 96. Uno de los resultados más humillantes de la historia del América, en pleno Estadio Jalisco. Los aficionados de Guadalajara todavía lo recuerdan con una sonrisa.

El golpe de Sao Caetano en 2004. En octavos de final de Libertadores, el brasileño eliminó a las Águilas con un global de 3-2 en el Azteca, en una serie marcada por la violencia que se trasladó de la cancha a las gradas.

La Sudamericana 2007. El América llegó a la final tras eliminar a Pachuca, Vasco da Gama y Millonarios, pero Arsenal le ganó 3-2 en la ida en México y se quedó con el trofeo.

La era oscura de 2008 a 2009. Cuatro campañas para el olvido. El Clausura 2008 fue uno de los peores torneos de su historia, y el Apertura 2009 comenzó con el equipo en zona de descenso, con 15 puntos bajo el mando del propio Reinoso, tras varias liguillas sin clasificar. Fue la época del movimiento “América grande, muy grande”, creado por Carlos Alazraki, que generó más burlas que orgullo. Y la afición, claro, no olvida el episodio de la diadema que comunicaba a Manuel Lapuente con Víctor Manuel Aguado.

El Apertura 2013 ante León. El América terminó líder con 37 puntos, tuvo un torneo arrasador, y en la final perdió 5-1 en el global ante unos Esmeraldas muy superiores, con apenas un autogol a favor. Doloroso para un equipo que había sido favorito absoluto.

Finales perdidas ante Tigres 2016, Monterrey 2019 y Monterrey en Concacaf. Tres espinas que siguen clavadas. La final del Apertura 2016, la del Apertura 2019 en el propio Azteca, y la final de la Liga de Campeones de Concacaf, que Rayados se llevó entre polémica.

El 2025 para el olvido. Cayó en la final del Clausura 2025 ante Toluca, fue eliminado en cuartos de Concachampions por Cruz Azul, algo que no sucedía en 13 años, y en el Apertura 2025 perdió en cuartos ante Rayados por 3-2 global. Un año que dejó un sabor amargo a una afición acostumbrada a ganar.

Y sin embargo, ahí está el América, de pie, porque el fracaso, en el club más grande de México, nunca ha sido final sino punto de partida. Cada caída fue seguida de una resurrección. Cada burla se pagó con una estrella.

El América de hoy y lo que viene

Hoy el equipo tiene un plantel renovado, un técnico que quiere hacer su propia historia, y un liderato que sabe a poco por la forma en que llegó. Luis Ángel Malagón regresó a la titularidad el día del aniversario, Santiago Bueno se estrenó con gol, y la afición espera más. Récord señaló esta semana que el equipo tiene una deuda pendiente en la Concachampions, y es cierto: levantar de nuevo la corona continental sería la mejor manera de empezar el siguiente siglo y un poco más.

Porque al final, queridos lectores, el América es mucho más que un club. Es herencia, es identidad, es una forma de vida que se pasa de padres a hijos. Es el abuelo que lleva al nieto al estadio, es el niño que estrena la playera crema, es el fanático que sufre, grita, llora, se burla y vuelve a creer. Como bien lo resume Récord, la grandeza no solo se mide en títulos: también se mide en todo lo que un club es capaz de provocar. Y pocas instituciones en el mundo provocan tanto como las Águilas.

Felices 110 años, América. Que sean muchos más, y que vengan con trofeos.

Gracias por acompañarme, amigos lectores. Los espero en la próxima entrega de De Zurda, y también los invito a sintonizar En Corto y al Hueco Radio, todos los días en punto de las cuatro de la tarde, en el noticiero de Radio Expresión México. Hasta pronto.

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