LA PALABRA EL MAS IMPORTANTE RASGO HUMANO

 

José Sánchez Barrera

Si nos preguntamos sobre la característica distintiva del ser humano, la respuesta más contundente es que tal característica es el lenguaje. Es cierto que en otras especies de animales encontramos algún tipo de comunicación, pero el sistema que usa el humano es el más completo y –no hay ninguna soberbia en decirlo– el más poderoso. Éste es el primero de una serie de varios escritos, cuyo objetivo es presentar brevísimamente y con la menor cantidad posible de tecnicismos algunos rasgos sobresalientes del lenguaje humano y la materia de que están hechas las palabras. Revisaremos aquí de manera sencilla conceptos como idioma, dialecto, tipos de gramática, tipos de idioma, ¿cuántos idiomas se habla en México?, ¿cuántos idiomas se habla en el mundo?, ¿existen lenguas primitivas?, ¿qué es un morfema?, ¿qué es un lexema?, ¿a qué edad comienzan normalmente a hablar los niños?, ¿qué relación existe entre lenguaje y pensamiento?, etcétera.

El primer punto que debe quedar claro de manera inmediata, es que aquí se llamará ‘castellano’ al idioma en que está escrito este texto, en lugar de llamarlo ‘español’. Es pertinente esta aclaración porque en España no sólo se habla castellano, también se habla gallego, catalán, vasco; y todas son lenguas españolas. Por tanto, llamar español al castellano es negarles la nacionalidad a las demás lenguas, y es perseverar en una necia confusión, quizá racista de origen.

Enseguida pasemos a revisar el significado de dos palabras, que usamos casi diario sin mucha precisión; tales palabras son: idioma y dialecto. Por el primero, o sea ‘idioma’, podemos entender un sistema de comunicación mediante signos, justamente como el que usamos los humanos constituido por sonidos o señas. En la definición del idioma no importa el número de hablantes; existen algunos de ellos cuyo número de personas que lo hablan no pasa –digamos– de cincuenta, son los idiomas que se considera están en peligro de extinción; y existen otros como el castellano, que es hablado por cientos de millones de personas en el mundo.

Todos los idiomas tienen variantes regionales, es decir, en diferentes regiones se habla de diferente manera en la pronunciación, en el vocabulario y hasta en lo correspondiente a la gramática; pero las personas de las diferentes regiones se entienden –es cierto que a veces con alguna dificultad–, y notan el habla diferente del otro, pero no les parece que el otro esté hablando un idioma diferente. Estas formas regionales de hablar son lo que se llama dialectos. Dicho de manera resumida: los dialectos son las variantes regionales de los idiomas. Baste como ejemplo citar el caso de la manera como habla la gente de Yucatán, de Chiapas, de Chihuahua; todos al hablar introducen palabras propias de su región, sin embargo, todos hablan castellano: todos hablan en el dialecto de su región.

Entendidos los dos términos arriba presentados, enseguida redondearemos la idea, a saber. Todos los idiomas tienen dialectos. De otra forma dicho, todos los idiomas están constituidos por dialectos, lo cual significa que son las hablas regionales las que constituyen a los idiomas; idea de la cual se puede concluir el hecho de que, cuando hablamos o escribimos, realmente lo estamos haciendo en algún dialecto, pues, necesariamente, tenemos que hablar o escribir en alguna forma regional del idioma en que nos expresemos, y ello es inevitable. Estas líneas, por ejemplo, están escritas en el dialecto castellano del Altiplano Central de México; y si yo no escribiera en este dialecto, escribiría inevitablemente en alguno de los otros muchos de que está formada la lengua castellana. A partir de lo arriba dicho, podemos ahora aclarar que el nahuatl, el otomí, el mazahua, el zapoteco son idiomas que se habla en México, y que todos ellos tienen variantes regionales, es decir están compuestos por dialectos, como cualquier idioma del mundo. Pasemos a otra cosa.

Las unidades elementales del lenguaje humano son los fonemas. Dicho de manera llana, los fonemas son los sonidos con que se forman las palabras de los idiomas, y son representados por las letras del alfabeto correspondiente. Entonces, también se puede decir que las letras del alfabeto sirven para representar a los fonemas que son los sonidos elementales de los idiomas. Los fonemas todavía no tienen significado: son los elementos primeros del lenguaje y no representan significados. Sólo hay que tener presente que los signos gráficos que llamamos letras representan fonemas de acuerdo con las reglas de pronunciación del idioma correspondiente; ello quiere decir que las letras suenan de acuerdo a reglas de lectura estipuladas por quienes diseñaron el sistema de escritura, que en la mayoría de los casos no se trata de una sola persona, sino de varias personas a lo largo de varios años.

Lo que entendemos como reglas de pronunciación del castellano, son entonces las instrucciones de cómo habremos de representar los fonemas de esta lengua con el conjunto de signos gráficos de que disponemos por tradición. Ello es así, porque no existe ninguna relación natural entre las letras y los fonemas: aquéllas pueden representar el sonido que nos dé la gana, y éstos pueden ser representados por los signos de nuestra preferencia; por eso, la jota (j), la letra jota, pues, la leen de diferente manera los franceses, los ingleses y –digamos– los chinos. Sí, los chinos; porque ellos utilizan un sistema alfabético de letras románicas –que son éstas con las que esto escribo– para indicar la pronunciación de los ideogramas en los diccionarios de la lengua, y en los manuales para alfabetizar a niños y adultos. Los fonemas, pues, son las unidades elementales del lenguaje; pero no tienen significado, y se representan con los signos gráficos que llamamos letras. También existen formas especializadas de representar los fonemas, como el alfabeto fonético internacional. Pero continuemos revisando las estructuras elementales.

Los fonemas, siendo unidades mínimas sin significado, se combinan y forman morfemas; los cuales son las unidades elementales con significado del lenguaje. Un morfema, entonces, es una unidad mínima con significado. Las palabras están formadas por morfemas; por ejemplo: la palabra ‘casa’ es un morfema. Pero la palabra ‘casas’ se compone de dos morfemas; a saber: ‘casa’ y ‘s’. Éstos son dos elementos que significan, respectivamente, “estructura habitacional” y “dos o más”. No hay que confundir la ese (s) de plural con la ese que solamente representa un sonido. En el primer caso se trata del morfema, porque tiene significado; y en el segundo, es un fonema: sólo es un sonido del inventario de sonidos de la lengua, y ya dijimos que como tal no tiene significado.

Entonces, una palabra puede estar formada por uno, dos o varios morfemas. ¿De cuántos morfemas está compuesta la palabra ‘gatitos’? Veamos: ‘gat’ significa “animal de una determinada especie”; ‘it’ “que es pequeño”; ‘o’, “que es de género masculino”; y ‘s’, “que son dos o más”. La palabra ‘gatitos’ está formada por cuatro morfemas. Con estos ejemplos se echa de ver que una palabra puede estar formada por varios morfemas, pero también hay palabras de un solo morfema como ‘árbol’, ‘casa’, ‘mujer’, y otras muchas. Aquí dejo por ahora la presentación de fonemas y morfemas, pero luego volveré a ellos para profundizar.

La unión de morfemas da lugar a palabras complejas –ya vimos, por ejemplo, ‘gatitos’–; y la combinación de varios morfemas mediante ciertas reglas da lugar a una frase o una oración.

La palabra ‘sintaxis’ se deriva del verbo griego ‘syntássein’, que significa coordinar, a partir de lo cual se entiende que la sintaxis es la parte de la gramática que se refiere a cómo coordinar y unir las palabras para formar oraciones. Pero, ¿cómo entender la sintaxis de manera llana? Pues hay que entenderla como el conjunto de reglas que indican cómo se combina las palabras para formar oraciones correctas; y hay que entender también que cada idioma tiene su propio conjunto de reglas sintácticas. Por ejemplo, en castellano se acostumbra colocar los adjetivos –las palabras que califican o describen– detrás del nombre; como en el caso “casa roja”, donde ‘casa’ es el nombre y ‘roja’ el adjetivo. Pero antes de continuar es necesario ponernos de acuerdo sobre el significado de dos palabras: frase y oración.

Hablemos primero de la oración. Las oraciones son unidades de habla de sentido completo; es decir, son ideas completas en sí mismas. Por ejemplo: “Mañana lloverá temprano”, es una oración, pues expresa una idea completa. Aprovecho para decir que hay muchos tipos de oración, pero de ellos no trataré aquí ahora; más adelante tendremos oportunidad de revisarlos. Por lo pronto, sí es importante declarar que mientras el fonema es la unidad sin significado del lenguaje y el morfema es la unidad con significado del mismo, la oración es la unidad del pensamiento; tema del cual nos habremos de ocupar en algún momento futuro.

Ahora importa continuar con el hilo de esta plática. Por lo tanto, permítaseme decir que la frase es cualquier grupo de palabras conexo y dotado de sentido. Según esta definición, las oraciones son frases, pero no viceversa; porque las oraciones son unidades de habla con sentido completo –como en el párrafo anterior quedó dicho–, y las frases no tienen sentido completo. Algunos ejemplos ayudarán a comprender estos conceptos, a saber: a) los recios cimientos del edificio, b) a la orilla de aquel lago de aguas cristalinas, c) de vez en cuando, d) Tapachula es la ciudad más calurosa en promedio durante todo el año, en la República Mexicana, e) Por razones de salud vivía desde hacía cuatro años el señor Organitos en la costa chica. Los grupos de palabras ‘a’, ‘b’, y ‘c’, son frases; ‘d’ y ‘e’ son ejemplos de oraciones.

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