Balón Cuadrado
Stephen Crane
Como no había sucedido en los tres mundiales anteriores -1970 y 1986- el de 2026, en México, tiene un futuro infausto: estará sostenido por alfileres. Aunque parezca impensable, la fiesta cuatrienal del balón se realizará en una nación en virtual guerra. Será amargo. Huele a sangre y muerte: de 2018 a la fecha hay unos 220 mil asesinatos violentos. Algo jamás visto en 22 ediciones mundialistas, que comenzaron hace casi 100 años, en Uruguay, 1930.
Será un reto mayúsculo -se vislumbra casi imposible-, que la justa se celebre en sana paz, para el gobierno de la presidente Claudia Sheinbaum y la FIFA de Gianni Infantino. Ni aunque contraten a Rambo. Hay quien asegura que las calles estarán relativamente tranquilas durante el campeonato.
A poco más de 100 días del arranque de la Copa Mundial 2026, cimbró al planeta y la prensa internacional el supuesto abatimiento -hay quienes dicen que fue ejecución para impedir que exhibiera a los narco-políticos- de “El Mencho”, poderoso narcotraficante mexicano.
La mayoría de los 12 mil millones de ojos que observarán la inauguración del Mundial 2026, entre México y Sudáfrica, el próximo 11 de junio, en el Estadio Azteca, miraron azorados la violencia endemoniada desatada el pasado domingo 22 de febrero -algo insólito en la historia de la delincuencia organizada-.




