Mirada Pública ¿Obedecer o resistir? El dilema frente al poder fascista

Betty Astudillo

Mirada Pública

¿Obedecer o resistir? El dilema frente al poder fascista

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Hoy en Mirada Pública quiero invitarte a pensar en una pregunta incómoda, pero profundamente necesaria: ¿Está un ciudadano obligado a respetar a un gobierno fascista?

No es una pregunta lejana ni teórica. Es una de esas cuestiones que atraviesan la historia y que, como sombra persistente, también ronda el presente.

Imagina vivir en un país donde disentir es peligroso, donde pensar distinto incomoda al poder, donde ciertos grupos son señalados, excluidos o perseguidos.

Donde la ley no protege, sino que selecciona. Donde la autoridad no representa, sino que impone.

En ese escenario, el ciudadano queda atrapado en un dilema ético: obedecer para sobrevivir o resistir para ser coherente con su conciencia.

Durante siglos, se nos ha enseñado que respetar la ley es parte del contrato social. Que la estabilidad depende de la obediencia. Que el orden es preferible al caos. Y en condiciones normales, eso tiene sentido. La convivencia requiere reglas.

Pero aquí está el punto clave: no toda ley es justa, ni todo gobierno es legítimo.

Cuando un régimen es fascista, la ecuación cambia radicalmente. Ya no hablamos de simples diferencias políticas, sino de sistemas que concentran el poder, eliminan contrapesos, reprimen libertades y, muchas veces, construyen enemigos internos para sostenerse.

Y entonces, la pregunta se transforma: ¿seguir obedeciendo es una virtud o empieza a parecerse a la complicidad?

La historia ofrece pistas inquietantes. Muchos de los peores abusos no ocurrieron solo por la voluntad de unos cuantos líderes, sino por la pasividad -o el miedo- de millones de ciudadanos que optaron por no cuestionar.

Personas comunes, como tú, como yo, han permitido los presos políticos, las desapariciones, los genocidios.

Y aquí aparece una idea incómoda pero poderosa: la ética no siempre coincide con la legalidad. Algo puede ser legal y profundamente injusto.

Frente a esto, distintas voces han defendido la desobediencia como un acto moral. No la violencia, no el caos, sino la resistencia consciente. Esa que dice ¡hasta aquí! Esa que se niega a normalizar lo inaceptable.

Filósofos como John Rawls (con su teoría de la justicia) o Martin Luther King Jr. (con su defensa de la desobediencia civil) han sostenido que la desobediencia a leyes injustas es no solo legítima, sino necesaria, siempre que sea pacífica y persiga el bien común.

Porque hay valores que no deberían negociarse: la dignidad humana, la igualdad y la libertad.

Ahora bien, tampoco podemos romantizar la resistencia. No es fácil. Tiene costos -recordemos lo que le sucedió al Gral. Gallardo y recientemente a la ama de casa Karla Estrella, al periodista Héctor de Mauleón y al activista Miguel Meza-. Puede implicar miedo, aislamiento, incluso riesgo personal. No todos están en condiciones de hacerlo de la misma forma.

Y aquí entra otra dimensión del dilema: no se trata de juzgar desde la comodidad, sino de entender la complejidad humana en contextos extremos.

Pero sí podemos afirmar algo con claridad: no existe una obligación moral de respetar un gobierno que viola sistemáticamente los derechos humanos.

Al contrario, en muchos casos, la historia ha demostrado que el cambio empieza precisamente cuando alguien -uno solo- decide no obedecer.

A veces, la resistencia no es heroica ni visible. No siempre es una gran protesta o un acto épico. A veces es más silenciosa: cuestionar, informar, no repetir discursos de odio, no mirar hacia otro lado.

Pequeños actos que juntos, pueden erosionar estructuras aparentemente inamovibles.

Así que hoy te dejo con esta reflexión: Si la ley se vuelve injusta, si el poder se vuelve opresivo, si la autoridad pierde su legitimidad moral

¿obedecer sigue siendo un deber?

O quizá, solo quizá, el verdadero acto de ciudadanía empieza cuando uno decide pensar por sí mismo.

Y Usted, ¿qué piensa?

Porque entender el mundo, también es una forma de transformarlo.

Nos escuchamos en la próxima Mirada Pública

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