Mirada Pública / Repensando la maternidad

Betty Astudillo

Mirada Pública

Repensando la maternidad

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Cada mayo las ciudades se llenan de flores, promociones y mensajes amorosos sobre las madres. Los restaurantes se saturan, las escuelas organizan festivales  y los niños bailan “el ratón vaquero”, y las redes sociales se convierten en vitrinas de gratitud. Parecería que la maternidad ocupa un lugar sagrado dentro de nuestra cultura. Y quizá justamente por eso vale la pena preguntarnos ¿realmente entendemos lo que significa ser madre o solamente celebramos una versión conveniente de ella?

La maternidad está viviendo un replanteamiento profundo. Durante siglos se enseñó que una “buena mujer” debía convertirse en madre y encontrar plenitud total en el sacrificio. Pero hoy muchas mujeres están diciendo algo distinto: amar a los hijos no significa dejar de existir como persona.

También se está rompiendo otro silencio importante: no todas las mujeres son madres, ni todas viven la maternidad de la misma manera.

Hay mujeres que deciden no tener hijos y durante años fueron señaladas como egoístas o incompletas. Hay quienes desean ser madres, pero no pueden biológicamente y enfrentan duelos silenciosos que pocas veces reciben comprensión. Otras quisieran adoptar y encuentran procesos difíciles y desgastantes. Y también existen madres que viven una de las pérdidas más devastadoras posibles: perder un hijo.

Por eso el Día de las Madres no siempre se vive igual. Para algunas personas es celebración. Para otras, ausencia. Hay mesas llenas de abrazos y también hay silencios que pesan como piedra.

Pero replantear la maternidad no significa despreciarla. Al contrario, significa devolverle humanidad.

Porque hay algo que permanece invariable desde el inicio de la historia humana: sin maternidad no existiría continuidad social ni biológica. Cada generación, cada familia y cada sociedad ha pasado, de una u otra forma, por el cuidado y la protección de una madre.

Incluso la biología muestra algo extraordinario. Durante el embarazo el cuerpo cambia por completo para sostener una nueva vida. El cerebro, las emociones y hasta el sistema inmunológico se transforman. La maternidad no es solamente una idea cultural. También es una experiencia profundamente humana y física.

El problema comienza cuando esa capacidad se convierte en herramienta política.

En México, por ejemplo, el Día de las Madres no surgió únicamente como una celebración familiar. En la década de 1920 también fue impulsado como respuesta conservadora frente a movimientos feministas que comenzaban a exigir más derechos para las mujeres.

Mientras algunas pedían educación, autonomía y participación política, el discurso dominante exaltaba la imagen de la madre sacrificada como ideal nacional. Era una forma elegante de decirles: pueden ser admiradas… pero dentro de ciertos límites.

La maternidad fue colocada en un pedestal, pero muchas veces también funcionó como frontera.

Y quizá por eso el debate actual incomoda tanto. Porque hoy muchas mujeres ya no quieren elegir entre maternidad y libertad personal. Quieren ambas. Quieren cuidar sin desaparecer, amar sin renunciar a sus sueños, a su identidad y a su voz propia.

Ahí aparece una contradicción moderna bastante dura: la sociedad sigue dependiendo enormemente del trabajo materno, pero muchas veces deja solas a las madres. Se romantiza la maternidad mientras aumentan los costos de crianza, faltan apoyos reales y el trabajo doméstico sigue siendo invisible.

Celebramos a las madres un día y las agotamos los otros 364.

Tal vez el verdadero replanteamiento no consiste en destruir la maternidad, sino en humanizarla. Sacarla del altar donde no puede cansarse, equivocarse o sentirse rebasada. Entender que ser madre no vuelve perfecta a una mujer, pero tampoco la hace menos libre.

Porque una sociedad madura no utiliza la maternidad para controlar a las mujeres, ni desprecia el enorme valor de criar y sostener vida.

La maternidad seguirá cambiando con cada generación. Cambiarán las familias, las dinámicas y las ideas culturales. Pero hay algo que permanecerá: toda sociedad futura seguirá dependiendo de mujeres capaces de cuidar, formar y proteger seres humanos.

Y usted, ¿qué piensa?

Quizá el gran desafío de nuestro tiempo sea aprender a honrar la maternidad sin convertirla en cadena.

Nos escuchamos en la próxima Mirada Pública.

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