¡El adiós de uno de los más grandes futbolistas, Messi, el pequeño hombre que se convirtió en grande!
POR ALBERTO ESPINOSA
Hola amigos lectores, un gusto volverlos a saludar.
Gracias a ustedes, De Zurda ha tenido mucho éxito, tan es así que hoy continuamos con los amigos de Radio Expresión México. Quiero aprovechar para extender un saludo a Manuel Aparicio, que confió en mí para esta columna deportiva; y por qué no, a En Corto y al Hueco Radio, el espacio que tengo dentro del noticiero de Radio Expresión México, en punto de las cuatro de la tarde.
Esta semana la noticia es una sola, y no hay manera de esquivarla: Lionel Messi se despidió de la selección argentina. Lo hizo el martes 6 de octubre, en el Estadio Monumental de Núñez, ante más de 85 mil personas, en un amistoso en el que Argentina venció 3-0 a Benín. El capitán puso dos asistencias y convirtió de penal el gol número 126 de su carrera con la Albiceleste. Así terminaron 21 años con la camiseta celeste y blanca.
La despedida en la cancha fue el último capítulo de una historia que se había anunciado el 31 de agosto, cuando Messi publicó una carta en sus redes sociales. Ahí reveló que había escrito esas palabras el 21 de julio, dos días después de perder la final del Mundial 2026 ante España, y que la muerte de su padre, ocurrida el 8 de agosto, lo dejó todavía más convencido. Entre sus frases, una que lo dice todo: “Me vacié, ya no tengo más para dar”.
Una noche para guardar en la memoria
Messi saltó al campo de la mano de sus tres hijos, Thiago, Mateo y Ciro, mientras Antonela Roccuzzo y su madre, Celia Cuccittini, lo veían desde un palco. En el himno, interpretado por el excombatiente de Malvinas Fabio Santana, tanto el capitán como Lionel Scaloni se vieron visiblemente conmovidos. A los 10 minutos, en honor a su dorsal, el partido se detuvo para que la tribuna lo ovacionara entre aplausos y fuegos artificiales; hasta los jugadores de Benín se acercaron a saludarlo.
Futbolísticamente, el primer tiempo se le negó: Messi tuvo al menos cuatro intentos y ninguno terminó en gol. Pero en el complemento el libreto se acomodó. A los 47 minutos, Nicolás Otamendi, que también jugaba su despedida, conectó de volea un córner cobrado por Messi. A los 61, Nico Paz sacó un zurdazo tras una combinación con el capitán. Y a los 70, luego de una falta sobre Agustín Giay, Messi tomó el balón, definió cruzado y marcó el 3-0. Todavía tuvo un remate que pegó en el poste y un tiro libre al final, como si el fútbol quisiera regalarle una noche más.
Al sonar el silbatazo, compañeros y rivales lo rodearon. El capitán de Benín, Sessi D’Almeida, le había obsequiado antes del partido un buzo de su selección y una réplica de una escultura de Cotonú. Hubo show de drones, la banda La Sole le cantó una canción especial y Messi dedicó unas palabras, con un recuerdo para su padre. Difícil que quedara un ojo seco en Buenos Aires.
Los números de un gigante
Hasta su carta de retiro, Messi acumulaba 207 partidos, 125 goles y 68 asistencias con Argentina, marcas que lo hacen el jugador con más presencias y el máximo goleador de la historia albiceleste, según el recuento de Infobae. Con el penal ante Benín, la cuenta de goles subió a 126. Su palmarés con la selección incluye el Mundial Sub-20 de 2005, el oro olímpico de Pekín 2008, las Copas América de 2021 y 2024, la Finalísima de 2022 y la Copa del Mundo de Qatar 2022. En su sexto y último Mundial, el de 2026, marcó 8 goles y dio 4 asistencias, y acumuló 21 tantos en copas del mundo. Ocho Balones de Oro completan una vitrina que no admite comparación.
Y sin embargo, lo que explica a Messi no cabe en una estadística.
El pequeño que se convirtió en grande
Nació en Rosario en 1987, y desde niño fue más pequeño que los demás. Un problema de hormona del crecimiento amenazaba con cerrarle las puertas del fútbol, hasta que a los 13 años cruzó el Atlántico rumbo a Barcelona, donde un contrato firmado en una servilleta cambió su destino y el del club. Aquel niño tímido, de pocas palabras y zurda prodigiosa, terminó volviéndose el futbolista más ganador de su generación.
Pero con Argentina el camino fue de espinas. Debutó el 17 de agosto de 2005, ante Hungría, y fue expulsado a los 40 segundos de pisar la cancha. Perdió la final del Mundial 2014 ante Alemania en el minuto 113, y en la Copa América 2016 falló un penal ante Chile y anunció que se iba; semanas después se arrepintió. Durante años fue el mejor jugador del mundo con una espina clavada: la de no haber levantado un trofeo grande con su país. Hasta que el Maracaná le abrió la puerta en 2021, y en diciembre de 2022, en Qatar, el pequeño de Rosario se coronó campeón del mundo, en una final que Argentina ganó por penales a Francia tras un 3-3.
Lo de este año fue otra cosa: otra final de Mundial, la sexta Copa del Mundo de su vida, y esta vez la derrota ante España. Con el dolor a cuestas decidió no alargar lo inevitable. A los 39 años escogió irse con la cabeza en alto y dejar su lugar a los chicos que, según sus propias palabras, vienen muy grandes atrás.
Lo que viene
Argentina seguirá su camino, ya sin él, con la mira en la Copa América 2028 y el Mundial 2030. Messi, por su parte, tiene contrato con el Inter Miami hasta 2028 y, a días de anunciar su retiro de la selección, aún tuvo fuerzas para marcar cuatro goles en la MLS. El Diez se va de la Albiceleste, pero el fútbol todavía no se ha despedido de él del todo.
Yo, que llevo años contándoles historias desde este espacio, les confieso algo: despedirse de Messi es despedirse un poco de nuestra propia infancia futbolera. Quienes lo vimos desde sus primeros pasos sentimos que nos tocó ser testigos de algo que no se repite. Su carta cerró con una frase sencilla: “Gracias Dios por hacerme argentino”. Nosotros, desde acá, le decimos gracias a él por habernos hecho disfrutar este deporte como pocos.
Nos leemos la próxima semana, amigos. Hasta entonces, que siga rodando el balón… y que nunca falte una buena zurda.

