Mirada Pública El gusano barrenador, prevención y decisiones públicas

Por: Betty Astudillo

En la mirada pública de hoy quiero hablarles de algo que parece pequeño, casi invisible, pero que puede provocar un daño enorme: el gusano barrenador.

Puede sonar como un tema técnico, rural, lejano, pero no lo es.

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El gusano barrenador afecta al ganado, sí, pero también a la economía, a la salud pública y a la seguridad alimentaria del país.

Para decirlo claro: es una plaga que invade tejidos vivos. Entra por una herida mínima y desde ahí destruye.

No espera. No avisa.

México ya enfrentó esta amenaza.

Durante décadas fue un problema grave, hasta que en los años noventa

el país logró erradicarlo.

No fue casualidad. Fue resultado de ciencia, inversión pública sostenida y cooperación internacional

Y aquí surge la pregunta inevitable:

si ya sabíamos cómo controlarlo,

¿por qué vuelve a ser una amenaza?

La respuesta no tiene que ver con mala suerte. Tiene que ver con decisiones.

En los últimos años, las capacidades del Estado en materia de sanidad agropecuaria se han debilitado: recortes presupuestales, reducción de personal técnico, centralización de decisiones

y relajamiento de controles han dejado huecos donde antes había vigilancia.

Las plagas no entienden de austeridad.

No respetan discursos y no esperan a que el gobierno reaccione.

Cuando se reduce el presupuesto al SENASICA, cuando se debilita la inspección fronteriza, cuando se minimiza la prevención, el riesgo crece.

Así de simple.

Y las consecuencias son muy concretas. Un brote de gusano barrenador puede cerrar mercados internacionales, provocar pérdidas millonarias al sector ganadero y encarecer alimentos básicos.

Eso no lo paga el gobierno.

Lo paga el productor y lo pagamos todos como consumidores.

También hay un riesgo sanitario en comunidades rurales. Una herida mal atendida, en contextos de pobreza y falta de atención médica, puede convertirse en una tragedia. No es alarmismo. Es realidad.

Aquí aparece un problema más profundo, la idea de que prevenir es un gasto y no una inversión.

La prevención no se inaugura,

no da aplausos inmediatos,

no luce en el discurso político.

Pero cuando falla, el costo es altísimo.

Y hay otro elemento que no podemos ignorar: el desprecio por el conocimiento técnico. Cuando se desacredita a especialistas, cuando se sustituye evidencia por voluntad política, se envía un mensaje peligroso: que la técnica estorba.

La sanidad agroalimentaria no es ideología. Es monitoreo constante, es personal capacitado, es coordinación internacional y es Estado presente antes de la crisis, no después.

El gusano barrenador no es solo una plaga. Es una advertencia de lo que ocurre cuando se debilita la prevención, cuando se recortan capacidades y cuando el gobierno llega tarde o decide no mirar.

Todavía estamos a tiempo de reforzar controles, de escuchar a especialistas,

de invertir en ciencia y de tomarnos en serio la seguridad alimentaria

como lo que es: un asunto de interés nacional.

El gusano barrenador no es un problema menor. Es el resultado de decisiones concretas y de omisiones también concretas.

Y ahora la pregunta para la presidenta de la república queda abierta:

¿va a seguir reaccionando cuando el daño ya está hecho o va a entender, por fin, que prevenir también es gobernar?

Ustedes queridos radioescuchas

¿qué piensan?

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