Por: Miguel Ángel Casique

Huitzilan; el canto de los colibríes que exige justicia… En Puebla podría arrancar campaña ¡Llamado a no votar por el PAN!

Parecía como si su loca vibración fuera inmóvil, pero no era así, sus aleteos que casi no se perciben salieron a flote y ahora su canto clama justicia. Nos cuentan que ayer a Huitzilan, lugar de colibríes, descendió un grupo de periodistas, ese lugar de la Sierra Nororiental, que aunque el frío baja a menos de cero grados, el calor que se percibe es incomparable. La intención de los visitantes era dar voz, -sus micrófonos, cámaras, grabadoras, libretas y todo su ajuar lo habían preparado días antes-, no era necesario que los habitantes de la zona supieran de su llegada. Ellos se internaron a esos lugares porque el pasado 10 de enero se cumplieron tres meses del asesinato de Manuel Hernández Pasión, exalcalde del municipio, cuyos autores materiales e intelectuales aún no han sido detenidos y castigados por el panista Tony Gali y su Fiscalía.

El sol aún no llegaba a la mitad del firmamento cuando arribaron, uno de ellos de pronto se separó y observó cómo sobre la azotea de una casa una paraje tendía café, aún en pulpa; el hombre bajaba un costal, la mujer lo esparcía, de pronto sus miradas levantan y una imagen los captura, no era una cámara, era la mirada del reportero. El resto del equipo sigue descendiendo por la calle empinada, la principal para llegar al centro de la localidad; era un jueves día de plaza como cada semana donde las comunidades aledañas bajan a comerciar sus productos y otros más van por lo que en sus hogares les hace falta.

Ya casi en el último tramo de la callecita pavimentada dos señoras ríen, ambas se miran los rostros; del sufrimiento a la alegría, de la tristeza al canto que grita justicia; quizá ambas amigas recordaban su infancia, juventud o no importa por qué ríen, lo importante era la felicidad que irradiaban. Caminan descalzo, visten faldas y blusas de manta con bordes de hilo color rosa, un reboso cruzado, indígenas con evidentes raíces mexicanas que jamás hay que olvidar, ellas avanzan y miran hacia donde aletea el colibrí, hacia arriba, hacia las flores y el canto.

Un hombre camina también, calza huaraches de esos que llaman pico de gallo, se desplaza en sentido contrario, sube la pendiente, lleva además un sombrero blanco, camisa remangada sin fajarse, voltea y también la expresión de su rostro es capturada por la mirada del reportero; sabe que su pueblo es noticia en Puebla, México y seguramente en algunos otros países en su rostro se adivina, sus pasos no tiemblan, con precisión caen sobre el pavimento y no como antes de los años 80 cuando el polvo era levantado al caminar, quizá aún era vereda, pero ahí, a unos metros una tienda existe aún, en la que los productos se vendían a precios caros, casi al triple de su precio base, ahí otra imagen que no necesita cámara, un brazo sobre la parte trasera de una camioneta, un sombrero que resalta, un hombre vestido con pantalón de mezclilla y una camisa blanca, no hay duda que él no es común ahí, todas las señas apuntan que él es integrante de la familia Aco, esos caciquillos que tanto se resisten a perder el control y que para eso siguen recurriendo al asesinato ahora en complicidades con mafias políticas y respaldadas desde la política local, distrito y seguramente estatal.

A los visitantes pronto la población les da la bienvenida comenzaron a recorrer Huitzilan y los micrófonos se abrieron; amigos de Manuel, su esposa, hermanos, hijos, alumnos, maestros, todos vuelven a solicitar castigo para los asesinos. Ahí, donde la lengua natal es el náhuatl, la envidia, el individualismo y la maldad no existen; pero la familia Aco (y los pobladores acusan que también el cura) como desde 1984 quieren seguir manteniendo el control, ¿animales?, ¿bestias?, no tienen nombre pero nunca serán aceptados entre la vida humana y mucho menos divina, suponiendo que exista.

Para el reportero esto ya era suficiente como noticia; pero se da cuenta que por la calle principal de Huitzilan la gente camina, recorre el pequeño mercado y realiza sus compras, son las 3:52 de la tarde y su cámara recorre los cerros, el hospital, escuelas, auditorios, más escuelas, calles arregladas; hay estudiantes, campesinos, amas de casa, médicos, maestros, instructores de danza, música y poesía y por unas horas comunicadores. Al cruzar la calle, frente a la presidencia municipal un kiosco y su fuente central se ve apto como escenario, quizá para el programa especial de televisión que más tarde transmitiría la joven periodista Citlali Piña por el Canal 6 de televisión.

Ahí al término de la pequeña escalera para ingresar al parquecito, Jesús Iturbide, un niño de apenas dos años y unos meses se lleva a la boca un dulce de gomita; estaba solo, no había nadie con él, pero no había necesidad de ello porque no hay inseguridad otra garantía del lugar, salvo que un sicario, por instrucciones políticas, te mande a matar; Chuchín como le llaman, en la otra mano trae la bolsa con multicolores figuras de al menos ocho gomitas más. Qué más deseo saber, se preguntaba el reportero… Nos contó que le soltó una pregunta… ¿Me regalas una de tus gomitas?; el niño lo miró, ahora el capturó el rostro del comunicólogo y sin dudar, con la mano que ya había dejado el dulce en sus labios, adentraba con trabajo la bolsa diminuta para sacar una, no, eran dos gomitas y compartirlas. Él también nació ahí y no importa de quién es hijo, es hijo de una generación de hombres diferentes y más humanos que comparten con sus hermanos el pan, o simplemente una gomita.

Ya había anochecido, ya todos habían hecho su trabajo y ese obrero de la noticia no estaba muy preocupado por que las horas se le habían acabado; ahora el ajuar se recogía y se guardaba; él había caminado y descubierto que Huitzilan de Serdán no es como lo pintan, pero sí es un pueblo que camina por el progreso y bienestar, y sí es modelo de gobiernos que México necesita. Ya las estrellas desfilaban en el cielo, en ese instante una niña, Jana Jamilet, observa al reporteo y le dice con esa dulce mirada que él nunca olvidará… No quiero que te vayas… ¿Por qué? preguntar el amante del periodismo. “Porque no se dónde vives…”; ambos, ahora con dos “cámaras”, capturaron una sola imagen, una sola sonrisa.

El no clímax político… Comercializar con votos. Dicen que a quien se les ha metido en la cabeza la idea de que pueden ser candidatos a algunas alcaldía en la Ciudad de México por Morena, la pequeña tarea será que cada abanderado le garantice, mínimamente, unos 90 mil votos por cada demarcación al partido de López Obrador, con eso podría alcanzar algo así como un millón y medio de votos. ¿Operación para ver quién consigue más votos? o ¿cuánta credibilidad tendrá Morena una vez más? Al que más le preocupa es al PRD, porque el PRI continúa muerto en la metrópoli.

El miedo no anda en burro. Los que seguramente no saben qué más hacer es el equipo de asesores del gobernador Tony Gali; el poblano de a pie, pero también gente muy cercana al gobernador se preguntan si sólo cambiando la sede del informe del lunes 15 de enero ya se aplica el “No los veo, no los escuchó y no les hablo”; pero la marcha de 40 mil antorchistas poblanos sólo es la primer acción que sigue demandado justicia, el verdadero clímax de la denuncia apenas inicia, incluso grupos que se suman a a la denuncia ciudadana ya piensan en una campaña nacional con un llamado a no votar por el panismo el próximo mes julio de 2018 ¡Aguas don Tony Gali y don Ricardo Anaya, con la roca humana y con el pueblo organizado no se juega o pueden salir más que descalabrados. Por el momento, querido lector, es todo.

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