Eduardo Sadot-Morales Figueroa

A consecuencia del registro del doctor Meade como candidato externo, hay cuestionamientos que se hace la militancia y los ciudadanos en general.

El tema es que durante muchos años, se asume, que el PRI se ha forjado con la participación de ciudadanos, que creen en su partido y que han venido realizando diversas actividades, con la esperanza de alcanzar un cargo de elección popular, esa militancia ha intentado cerrar el paso, a quienes han dedicado su vida al estudio o al servicio público.

La militancia se siente subestimada, despreciada porque no se ha consolidado en sus estatutos, la carrera partidista. Hasta antes de la llegada de José López Portillo, Miguel de la Madrid, Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, era necesario ser militante, haber servido al partido o haber alcanzado un cargo de elección popular. Fue a consecuencia de la llegada de Salinas y después de Zedillo, este último, conocido por su evidente desprecio al PRI, que la militancia exigió, haber ocupado un cargo de elección popular, para ser candidato. Se denominaban tecnócratas, a quienes, a pesar de haberse desempeñado en el servicio público no tenían antecedentes partidistas, ese fue el caso de Manuel Bartlett a su llegada a la Secretaría de Gobernación.

“El error de designar desde la cúspide a candidatos sin consultar a la base, a unos los condenó a perder y algunos de los que ganaron, incurrieron en corrupción, que se tradujo en descrédito y daño irreversible al PRI”

El error de designar desde la cúspide a candidatos sin consultar a la base, a unos los condenó a perder y algunos de los que ganaron, incurrieron en corrupción, que se tradujo en descrédito y daño irreversible al PRI.

Hoy, la militancia se siente ofendida, porque pueden haber candidatos externos, pero, de qué se quejan, si han sido sumisos levantadores de dedo, con el pretexto de una disciplina mal entendida, que no es producto de la crítica propositiva sino de la sumisión servil y convenenciera, pretendiendo abonar a una posible oportunidad, derivada de la graciosa consideración o voluntad de la dirigencia en turno.

Hoy, esos mismos que se quejan, son quienes han censurado y estigmatizado a las escasas voces disidentes que llegaron a denunciar y oponerse a las imposiciones, las han acallado, las han ignorado, hasta provocar su congelamiento o salida del PRI y en algunos casos, los han confinado a espacios reducidos, sin futuro político.

Los candidatos externos, son una forma útil del partido, para hacerlo competitivo y voltear la mirada a aquellos ciudadanos, que sin ello, engrosarían las filas de los candidatos independientes, mejor abrirles la oportunidad de participación con los colores del PRI y oxigenarlo y reconocer a quienes desde el servicio público sirven a México y también al Partido.

La militancia debe asumir las consecuencias del descrédito de su instituto político y, reconocer en la estrategia, la clave de su sobrevivencia. Meade y Mikel Arriola, pertenecen a esa generación de jóvenes que sortearon el escarnio de sus compañeros universitarios, de asumirse simpatizantes de un partido, que en las aulas se desprecian y confunden con grillos –como hoy también sucede– cuando en realidad, se respeta, admira y practica POLÍTICA, así con mayúsculas, porque se tiene convicción de que ejercerla, demanda aplicarse al estudio, contar con los conocimientos, dedicación y preparación que hace la diferencia entre los grillos y los políticos, algo nada fácil. A esa generación pertenecen también, José Ramón Martell, José Encarnación Alfaro, por mencionar solo a dos políticos combativos, que desde temprano, acreditaron su militancia a pesar del escarnio estudiantil, sin descuidar sus estudios, ellos, privilegiaron su participación en el PRI, hoy son paradigmas de militancia responsable y visionaria. sadot16@hotmail.com

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