T-MEC, la negociación que definirá a México

La revisión del T-MEC no es un trámite burocrático. Es una negociación sobre el futuro económico de México, sobre nuestra capacidad industrial y sobre el lugar que ocuparemos en América del Norte

Eduardo Sadot

 

El T-MEC entró en una zona de turbulencia. El tratado sigue vigente, pero Estados Unidos no aceptó todavía renovarlo por otros dieciséis años. El problema está en las condiciones para México.

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Washington ha puesto sobre la mesa alrededor de noventa asuntos. México ha concentrado su posición en una docena de temas prioritarios. Entre ellos están las reglas de origen, la industria automotriz, el acero, el aluminio y los aranceles.

La exigencia estadounidense es clara: aumentar el contenido producido en América del Norte y reducir la participación de mercancías provenientes de terceros países, particularmente de Asia. Estados Unidos quiere evitar que productos ajenos al T-MEC lleguen a su mercado utilizando a México como puente.

Para México, el dilema es delicado. Debe conservar las ventajas del tratado sin aceptar reglas que hagan menos competitiva a nuestra industria. El sector automotriz es un ejemplo. Modificar las reglas de origen puede cambiar costos, inversiones, cadenas de suministro y empleos.

El acero y el aluminio representan otro frente. México busca reducir los aranceles estadounidenses, mientras Washington pretende proteger su producción. También se discuten asuntos agrícolas, laborales y ambientales.

Pero detrás hay una discusión más profunda. Estados Unidos pretende utilizar el T-MEC como instrumento de seguridad económica frente a China y otras economías asiáticas. México puede convertir esa circunstancia en oportunidad para atraer inversiones, fortalecer cadenas productivas y sustituir importaciones, pero necesita una estrategia propia y no limitarse a reaccionar ante Washington.

Aquí está la pregunta que importa: ¿qué T-MEC tendrá México después de esta negociación?

Porque un tratado puede seguir vigente y, sin embargo, cambiar sustancialmente mediante nuevas reglas de origen, aranceles y condiciones de acceso.

No se trata de negociar por negociar ni de aceptar para evitar conflictos. Se trata de defender los intereses nacionales con inteligencia, información y capacidad técnica.

Cada concesión tendrá consecuencias. Cada arancel puede afectar empleos, inversiones y precios. Y cada modificación puede determinar quién produce, quién invierte y quién termina pagando.

La revisión del T-MEC no es un trámite burocrático. Es una negociación sobre el futuro económico de México, sobre nuestra capacidad industrial y sobre el lugar que ocuparemos en América del Norte.

Por eso la pregunta ya no es solamente qué quiere Estados Unidos. La pregunta verdaderamente mexicana es otra: ¿qué estamos dispuestos a defender?

Porque un tratado comercial no se mide solamente por lo que firma un gobierno, sino por lo que gana o pierde una nación. Y cuando termine la negociación, no bastará con decir que México conservó el T-MEC. Habrá que preguntarnos qué quedó de México dentro de él.

Eduardo Sadot

Twitter: @eduardosadot

Face: Eduardo.Sadot

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