Raymundo Medellin

Cuando hace unas semanas, por la mañana, anunciaron la entrada del Papa Francisco al Congreso de los Estados Unidos, una sonora y firme voz dijo: “El Papa de la Santa sede”.

Congresistas e invitados especiales lo saludaron de pié.

El Papa Francisco había llegado un día antes procedente de Cuba, por cierto, en el primer vuelo que se realiza entre La Habana y los Estados Unidos a partir de la nueva relación diplomática; a propósito de diplomacia nadie sabe más de diplomacia que la Santa Sede con dos mil años de práctica permanente, por lo que, Francisco, el sucesor de Pedro, por lo mismo, el mensaje del Papa respondió a esa gran experiencia, ya que aunque tocó temas muy delicados, lo hizo utilizando esa gran experiencia diplomática.

En cuanto al Papa Francisco, primero fueron sus críticas a la “obsesión” de la Iglesia católica con el aborto y los gays; luego su condena al “capitalismo salvaje” y a la “dictadura de la economía” y por último, sus palabras sobre la responsabilidad del hombre en el cambio climático.

Mucho antes de que el papa Francisco iniciara la gira que lo llevó este martes 22 de septiembre a Estados Unidos, muchos políticos y comentaristas estadounidenses de tendencia conservadora ya habían expresado abiertamente reservas sobre el pontífice.

El que haya pasado antes por Cuba, y no aprovechara la ocasión para hablar públicamente a favor de la democracia y los derechos humanos, muy probablemente tampoco les habrá sentado bien a sus críticos.

Francisco tocó muchos temas, entre otros, la migración, el medio ambiente, la democracia, el bien común, la pobreza, la distribución de la riqueza, Cuba, el comercio de armas y elogió a la familia como la gran institución social.

El Papa recordó a Martin Luther King de quien dijo que su sueño sigue siendo inspiración de muchos y afirmó que la convicción que le ha acompañado desde el inicio de su ministerio pastoral, es el respeto a la vida, por lo que aseguró que siempre abogará por la abolición de la pena de muerte.

Cabe destacar que el argentino Jorge Mario Begoglio, es el primer papa latinoamericano, se presentó ante los congresistas como un “hijo de este gran continente”, un americano más, un inmigrante como los antepasados del más de medio millar de representantes, senadores y personalidades civiles, militares y eclesiásticas que llenaban el hemiciclo del Capitolio de Washington.

El Papa citó la crisis de los refugiados en Europa y la comparó con la llegada de inmigrantes que llegan de América Latina sin papeles en busca de una vida mejor y de mayores oportunidades. “¿No es lo que querríamos para nuestros hijos?”

El mensaje de la compasión, de la humanidad compartida, topa con la retórica de algunos políticos republicanos que avivan los resentimientos. El más reciente, el magnate Donald Trump. En el Congreso, Partido Republicano bloquea las iniciativas del demócrata para regularizar a millones de inmigrantes.

Los republicanos también frenan la legislación para reducir las emisiones que provocan el calentamiento global. Algunos incluso niegan el fenómeno, o cuestionan sus causas humanas. De nuevo, Francisco no rehuyó la cuestión. Habló de las “raíces humanas” del cambio climático, dijo que era posible combatirlo y llamó específicamente al Congreso a actuar. “Ahora es el momento de acciones y estrategias valientes”.

El Papa no es un líder político, es un líder espiritual, y encasillarlo a izquierda o derecha es simplista. Pero en algunos momentos del discurso parecía que les leyese la cartilla. Sí, citó la responsabilidad de proteger la vida humana “en cada etapa de su desarrollo”, una alusión al aborto, que la Iglesia condena y que acompañó de una petición para abolir la pena de muerte. También defendió “las relaciones fundamentales (…) que son la base del matrimonio y de la familia”. Pero lo hizo de pasada, sin desarrollarlo.

En cambio, Francisco esbozó una doctrina de política exterior —diálogo entre enemigos, audacia para romper inercias históricas— que coincide bastante con la de Obama, artífice, junto al Papa, del deshielo con Cuba, y del acercamiento a Irán, una rendición unilateral de EE UU según algunos conservadores. Francisco se refirió a la violencia provocada por el fundamentalismo religioso para pedir a los congresistas tacto y mesura a la hora de luchar contra ella. Y previno contra la tentación del “reduccionismo simplista que divide la realidad en buenos y malos”. “Permítanme usar la expresión, en justos y pecadores”.

Francisco usó el sueño americano como hilo conductor del discurso y lanzó guiños a la tradición espiritual de este país, desde el monje Thomas Merton a Martin Luther King.

Sin lugar a dudas el Papa Francisco vino a dar una cátedra que bien podría tener el título de “Práctica política para un mundo mejor”; las palabras del Pontífice emocionaron a mucha, uno de esos muchos fue el presidente de la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense, el conservador John Boehner, a quien las lágrimas le recorrieron sus mejillas.

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